En pocas horas más, el presidente electo de Colombia asumirá su cargo. Delfín de Álvaro Uribe Vélez, este exponente de la derecha recalcitrante, que hizo campaña electoral atacando a Venezuela y a los Acuerdos de Paz de La Habana, ha solicitado a un cura que “exorcise” la Casa Nariño (casa de gobierno de Bogotá). Esa es la “nueva” derecha, que tiene mucho de derecha y realmente muy poco de nueva, a pesar de que Duque diga que le gusta el rock y que se enfatice en los medios que tiene sólo 42 años.

Sin embargo, vale reconocer que las importantes continuidades de Duque con su antecesor, el “premio nobel de la paz” y ex ministro de defensa de Uribe, Juan Manuel Santos. El magnicidio fracasado del presidente venezolano Nicolás Maduro Moros, el asesinato casi diario de líderes y lideresas sociales, el encarcelamiento ilegal e ilegítimo de Jesús Santrich desde el 9 de abril, la persecución hacia Iván Márquez y el conjunto de la dirigencia de las desmovilizadas FARC, el incumplimiento de puntos esenciales de los Acuerdos, demuestran que en este paso de banda presidencial puede haber cambios más de estilo que de fondo.

En el acto participará Mauricio Macri quien almorzará con su amigo, el también empresario – presidente, Sebastián Piñera. Y como no podía ser de otro modo, la escena incluirá a la representante de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley a quien le rendirán pleitesía como corresponde a estos gobernantes que gozan de arrastrarse ante el imperio, al tiempo que hambrean y reprimen a los pueblos.

Frente este escenario continental, las banderas de unidad nuestroamaericana resultan más necesarias que nunca. Frente a la avanzada del imperialismo, unidad antiimperialista. Frente a los gobiernos que encarnan el capitalismo neoliberal más cruel, el horizonte y objetivo socialista como única posibilidad de respetar la vida, la paz, la dignidad de los pueblos.

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