La Justicia ratificó y amplió la condena a 12 años de prisión contra el ex presidente brasileño Lula Da Silva. El fallo apunta a apartarlo de la carrera presidencial, donde es favorito en las encuestas.

Finalmente se conoció la resolución en segunda instancia en la causa por dádivas a Lula por parte de la constructora OSA: mientras en primer instancia había sido condenado a nueve años y medio de prisión por el famoso juez de Curitiba, Sergio Moro, ahora los magistrados dan un paso más y amplían la condena a 12 años. Los argumentos para condenarlo son, otra vez, sumamente endebles. Se le endilga al ex mandatario haber recibido un departamento de lujo a cambio de favores que, en ningún momento, se especifica cuáles habrían sido. Uno de los magistrados aseguró incluso que «no eran necesarias pruebas concretas» para la condena. Esto ocurre mientras el actual presidente de facto, Michel Temer, «zafó» de un impeachment a pesar de estar grabado avalando sobornos para mantener el silencio del ex titular de la Cámara de Diputados e impulsor de la destitución de Dilma, Eduardo Cunha.

Se trata de una verdadera aberración judicial con el único fin de apartar al líder del PT de la carrera presidencial, donde se encuentra como favorito en todos los sondeos. El fallo ratifica el alineamiento del Poder Judicial brasileño con los intereses de la derecha más rancia del país vecino. La sentencia también fue celebrada por el otro aspirante a la presidencia que viene en ascenso, el ultraderechista Jair Bolsonaro.

El día previo a la sentencia, Lula encabezó un acto de masas con el apoyo de organizaciones como la CUT y el MTST, que se mantuvo luego como una vigilia para aguardar la lectura del fallo, con la consigna «Sin Lula es fraude».

Ocurre que la ratificación de la condena en segunda instancia llega antes del cumplimiento del plazo límite impuesto por la ley para poder inscribir las candidaturas. Con este fallo, el ex mandatario puede ser impugnado como candidato aunque en ese caso finalmente resolverá su situación la Justicia electoral, se especula que a mediados de año. En estas condiciones, de cualquier modo, no es para nada descabellado considerar que también obtenga un fallo adverso en ese tribunal.

La pelea de fondo, en realidad, excede a Brasil. La derecha y la burguesía continental están empeñadas a fondo en la consolidación de un ciclo de signo neoliberal en la región, para llevar adelante una profunda reestructuración de las relaciones sociales productivas. Pero por el carácter rabiosamente antipopular, estos gobiernos deben apelar cada vez más a medidas tendientes a imponer un virtual estado de excepción. Es también el caso de Cambiemos que comenzó su gestión con la bandera del republicanismo como estandarte y, luego de las jornadas del 14 y el 18, tiene que apelar a la represión y a los decretazos para pasar el ajuste. O también de Honduras, donde el candidato de la derecha se impuso con un fraude electoral avalado vergonzosamente por la OEA.

Con la conciencia de la pelea que está en curso y sin subordinarse políticamente a las conducciones como el PT y el kirchnerismo, debemos salir en unidad más que nunca a las calles contra esta ofensiva reaccionaria y reforzar los lazos de solidaridad entre los pueblos de Nuestramérica. Las centrales sindicales deben acompañar las manifestaciones populares con un plan de lucha que incluya el paro general para unificar las fuerzas de la clase y golpear con un solo puño a la reacción burguesa. En las calles, unidos y unidas, podemos derrotarlos.

Abajo la condena a Lula

No a las reformas neoliberales

Fuera el imperialismo de América Latina

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