
Las últimas elecciones le permitieron al oficialismo de los hermanos Milei mostrar una victoria y un supuesto gran apoyo popular para avanzar con su ofensiva sobre la clase trabajadora. Estos resultados sin dudas sorprendieron, y fortalecieron al gobierno que ya se prepara para avanzar con la reforma laboral y prepara la previsional en un congreso en el que contará con más bancas. Aunque no reúne todas las que necesita, los gobernadores ya le garantizaron vía libre y encaminan negociaciones presupuestarias, mientras el gobierno nacional se subordina cada vez más al imperialismo yanqui. El escenario muestra al gran capital dispuesto a avanzar. Es preciso que el pueblo y la clase trabajadora ofrezcan una resistencia acorde a esta ofensiva.
Balance electoral
Sin dudas el dato más significativo de las últimas elecciones fue la victoria del gobierno de Milei, que sorprendió a propios y ajenos, imponiéndose en casi todos los distritos del país, y ganando incluso en la provincia de Buenos Aires donde en septiembre había sido derrotado por el peronismo por una amplia mayoría de 14 puntos. La remontada de LLA en esta jurisdicción, bastión del peronismo y la principal en cantidad de votantes, implicó incrementar un millón de votos entre las elecciones provinciales de septiembre y las nacionales de octubre. Y todo esto, en simultáneo con la inestabilidad cambiaria e inflacionaria, y con el estallido de escándalos de narco-corrupción que descabezaron su boleta legislativa. Ante su inestabilidad manifiesta, el oficialismo se recostó en el “círculo rojo” empresarial y en el Departamento del Tesoro norteamericano, que prometió un salvataje financiero y, análogamente, una quita de apoyo si el gobierno perdía las elecciones. En un tablero electoral que muestra un comportamiento dividido en tercios, donde una parte se viene identificando con opciones de derecha y mostrando un voto antiperonista, otro segmento es peronista y el tercio restante se muestra oscilante, esta vez, ese último sector inclinó la balanza a favor del gobierno nacional. Esto, sin embargo, no significa un cheque en blanco para todas sus medidas. Viendo con detenimiento algunas cifras, se puede medir -evitando impresionismos- que ni el gobierno transita un repudio generalizado, ni tampoco muestra un apoyo incondicional: mantiene una primera minoría, pese a sus políticas antipueblo, pero ha perdido un caudal de votos significativo. Si se analizan los resultados respecto de las elecciones presidenciales de 2023, podemos observar que el oficialismo de LLA desarticuló a Juntos por el Cambio, absorbió los votos del PRO y redujo a su mínima expresión a dicho partido, monopolizando la representación política de la derecha: asimiló a buena parte de su dirigencia, sus votantes y su representación. En números, en las presidenciales de 2023, en 1era vuelta LLA obtuvo 8.034.000 votos y JxC 6.380.000. El peronismo obtuvo en esa misma votación 9.850.000 votos. En segunda vuelta, LLA sumó prácticamente todo el caudal amarillo, llegando a 14.555.000 superando al peronismo que quedó en unos 11.600.000. En ese período, el bloque LLA-PRO perdió unos 5 millones de votos a nivel nacional. Esto no fue canalizado hacia opciones alternativas al gobierno, que luego de 2 años de brutal ajuste, sacó más del 40% de los votos emitidos.
Un dato importante a tener en cuenta es la abstención o no participación electoral. La participación electoral fue del 67%: el valor más bajo en elecciones legislativas desde la vuelta a la democracia formal…Menos votantes y menor porcentaje, incluso, que la elección de 2021, en plena salida de la pandemia (71% de participación). Así vemos que gran parte del electorado no está convencido con ninguna propuesta y no cree que su voto o participación sea verdaderamente determinante. Quienes sí concurrieron a votar, mostraron mayoritariamente un voto conservador, de continuidad con el actual gobierno. La extorsión y el injerencismo yanqui tuvieron un efecto en el electorado, de la misma manera que lo tuvo la promesa cierta de una estampida inflacionaria y del dólar ante un resultado adverso para LLA. A su vez, la memoria del pésimo gobierno peronista reciente, también influyó para que la opción más votada sea la del reaccionario oficialismo. Además de esto, es importante analizar y caracterizar cuál es la estructura actual de la clase trabajadora y desde dónde estamos pensando estos resultados. Varios estudios analizan que el 60% de los trabajadores hoy no están registrados, y por ende no tienen derechos como la limitación de la jornada laboral, salario acorde a la canasta básica, paritarias, aportes jubilatorios, obra social, etc. y por ende tampoco una organización sindical, sumado al debilitamiento abrupto de los movimientos sociales, tanto en términos de organización como de capacidad de movilización y disputa. El 40% de trabajadores registrados no tiene garantizado un salario que permita cubrir las necesidades básicas. En términos históricos se registra una caída abrupta del salario real de la clase trabajadora.
En ese contexto, parte del voto al gobierno parece haber expresado una posición conservadora, que ante la amenaza del caos, de la brutal devaluación y escalada inflacionaria, optó por alguna estabilidad y la supervivencia. No fue menor en este sentido la amenaza de Trump de cortar los fondos y el apoyo financiero al gobierno en caso de una derrota, lo que sin embargo no se traduce en que efectivamente fluyan esos fondos para sostener el valor del dólar y los planes del gobierno, que no logra estabilidad en ese sentido, con permanentes vaivenes y crisis internas.
Ante esto, también es importante destacar el rol del peronismo, que no ofrece una alternativa real programática y una salida concreta frente a los problemas acuciantes de la clase trabajadora y el pueblo. No plantean el desconocimiento de la deuda, no plantean siquiera las reivindicaciones históricas del peronismo ni apuestan a la movilización popular ni de las centrales sindicales para torcer al menos en parte la ofensiva patronal.
Ofensiva contra la clase trabajadora y el pueblo
En este contexto y con un Congreso en el que verán incrementados sus representantes a partir del 10 de diciembre, el gobierno nacional se apresta a llevar adelante rápidamente las reformas laboral e impositiva y preparar la previsional, avanzando contra derechos históricos de la clase trabajadora y tratando de eliminar conquistas que datan de más de un siglo.
Ante ello, la pasividad de la burocracia sindical de la CGT y de las CTA es notable, y muestra una oposición tan debilitada que abre el camino para que el gobierno declare una guerra abierta contra la clase obrera, en sintonía con lo que ocurre a nivel global.
El nuevo triunvirato de la CGT, lejos de sostener y organizar un plan de lucha serio contra esta ofensiva, se prepara para negociar cuestiones menores, subordinándose a los intereses empresarios sin dar respuesta a las necesidades de la clase y siendo parte, de fondo, en el sostenimiento de la estabilidad / gobernabilidad.
Esta ofensiva toma volumen a partir de que no encuentra efectivamente una oposición seria sino el sometimiento también de los gobernadores que pretenden recibir beneficios y que se disponen a negociar sus partidas presupuestarias, mientras desde el peronismo se retoman las disputas internas y no se hacen cuestionamientos de fondo, por ejemplo, frente a la reforma laboral.
Todo ello acompañado de una fuerte campaña mediática que, realineada luego de los resultados electorales, acallan cualquier voz crítica de las políticas del gobierno, incluso ante lo escandaloso de la corrupción, como es el caso de las coimas en la ANDIS.
Ofensiva imperialista
En un contexto de guerras donde las potencias van generando alineamientos y se van preparando, Argentina no escapa de lo que pasa a nivel mundial y la clase dominante va ajustando cuentas con la clase trabajadora, acomodándose también dentro de un bloque: el del imperialismo decadente de EE.UU. En este marco, desde el imperialismo norteamericano, reafirmado el apoyo a Milei y garantizada la subordinación de nuestro país a sus intereses, se avanzó en la firma de un acuerdo secreto comercial que implicaría no solo el levantamiento de barreras arancelarias como parte de la guerra comercial que mantienen con China, sino mas saqueo liso y llano de los recursos de nuestros territorios. Mediante este acuerdo, que evoca el llamado pacto “Roca-Runciman” de la Dècada Infame de 1930, por el cual Argentina concede una gran cantidad de privilegios a importaciones de EEUU, en los rubros medicamentos, equipos médicos, químicos, maquinaria, tecnología de información, vehículos automotores. En el plano de la explotación del agro, la asimetría es más evidente: abre el mercado argentino para quesos, carne vacuna, porcina y aviar y sus derivados, con el compromiso a que el mercado estadounidense también pueda ser comprador potencial de alimentos argentinos de estos y otros rubros. A su vez, la exportación de minerales críticos es una posibilidad, sujeta sobre todo a futuras inversiones directas yanquis. Se trata de un nuevo paso en la subordinación a los EE.UU. en su competencia con China, actualmente uno de los primeros compradores de exportaciones argentinas.
Reflexiones finales
Sabemos que las pequeñas victorias conseguidas gracias a la movilización popular, como la reversión del veto a la ley de financiamiento universitario o de emergencia en salud, no se tradujeron posteriormente en que se concreten dichas partidas presupuestarias. Sabemos que no será en el parlamento donde se garantice la defensa de los derechos de la clase trabajadora. Lo que desde la izquierda institucional se caracteriza como “una buena elección”, que redundó en que unos pocos diputados ingresen al Congreso (tres diputados, uno menos de los que concluyen su mandato), no será garantía de que allí se frenen efectivamente las políticas de gobierno.
El nivel de descomposición social y precarización en el que nos han subsumido sistemáticamente desde los 70 hasta acá, dificulta la organización. En ese sentido, es importante reforzar las experiencias de articulación y organización por abajo, apelar a la gran masa que no ve ninguna salida por fuera del conformismo del mal menor o de la inevitabilidad de la exclusión y la precariedad. Construir organización por abajo que apueste a la lucha de calles con la perspectiva de la rebelión popular, único camino para defender realmente nuestros derechos y construir una alternativa. Construir experiencias organizativas que tiendan a confluir en una fuerza social revolucionaria, con independencia de clase, que apunte a la construcción de doble poder y que pueda sostener un programa de ruptura con la deuda externa, de autogobierno popular, de expropiación de las grandes empresas para reorganizarlas en función de las necesidades sociales.
Es claro que el gobierno no ofrece una alternativa de futuro, que lo que promete y va cumpliendo es el empobrecimiento de las grandes masas y el saqueo en favor de los grandes capitales, con una subordinación absoluta al colonialismo y el imperialismo norteamericano. Pese al apoyo conseguido en las urnas en octubre, su estabilidad política y financiera no están garantizadas. Los vaivenes con respecto al salvataje de los bancos yanquis, la falta de capacidad de movilizar a las masas en su apoyo, lo precario de su armado electoral, muestran que a pesar de haber recibido un voto de continuidad, el escenario es dinámico. El pueblo en las calles tendrá la última palabra.


