
Se cumplen 50 años del golpe cívico – militar del 24 de marzo de 1976. Socialmente, esta fecha se vive de una manera particularmente intensa. La distancia temporal -medio siglo, nada menos- convoca a resignificar nuestra mirada de ese pasado reciente que interpela a un presente de descomposición en diferentes escalas y dimensiones. Ganar las calles, llenar las plazas, unir las luchas y, sobre todo, volver con creatividad al horizonte de subvertirlo todo.
Estando a horas del 24 de marzo se palpa que este aniversario no será uno más. Sin duda, la fecha “redonda” que es significativa en nuestra cultura tiene su peso. Pero hay más elementos que se conjugan en esta verdadera multiplicación de iniciativas que se vienen tejiendo desde hace meses y que prometen abarcar todo el año. Marchas barriales, señalizaciones, baldosas recordando a lxs desaparecidxs, actos, jornadas, congresos, publicaciones, talleres, iniciativas de todos los campos de las artes, estampas, bordados. Este repertorio de acción que no es del todo novedoso, tiene en estos días una envergadura que da cuenta de un proceso social más amplio.
Las marchas del 24 siempre convocan a mucho más que el activismo organizado. En Buenos Aires, por ejemplo, durante los años en que el peronismo realizó una marcha propia, la marea de pueblo, con niñes, bebés, ancianxs unificaba lo que se había roto, convirtiendo en una a las dos marchas. En 2025 la unificación de la marcha demostró con contundencia la masividad respecto de la reivindicación de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Este año esa perspectiva de marcha en unidad de acción estuvo presente desde mucho antes, alentando a la masividad y a un sentir que se expresa en cada una de los lugares de trabajo, de estudio y en los territorios. Una unidad de acción necesaria, que en modo alguno pone en juego la independencia política, sino que responde a la necesidad de enfrentar de manera amplia y contundente a un gobierno reaccionario al que debemos echar con la movilización popular.
En esta oportunidad, no sólo está el nudo convocante de la reivindicación del genocidio que todo un sector del personal político, judicial, eclesiástico, empresarial y mediático realiza. A este marzo de 2026 llegamos con una experiencia de agravamiento de la descomposición del régimen político y del orden social capitalista. La democracia representativa, que durante mucho tiempo fue en el sentido común sinónimo de “derechos humanos”, hoy muestra con descaro su carácter de clase. Por supuesto, siempre ha sido así, sin embargo, algunas reflexiones que circulaban entre activismos y espacios reducidos, hoy son conclusiones generalizadas.
El “derrame” de la pobreza de la mano de la concentración de la riqueza obscena de los ricos de siempre y de los nuevos ricos golpea la conciencia. La farsa que gobierna que prometía mentirosamente poner fin a la casta política, no deja acto de corrupción por cometer. Por su parte, la oposición “oficial”, con el peronismo a la cabeza, muestra su incapacidad de ofrecer alguna salida superadora, y oscila entre la inacción de sus burocracias sindicales y la apuesta a la espera en clave electoral. La represión es moneda corriente también en CABA, territorio en el que las fuerzas represivas y sus mandantes guardaron las formas mientras el miedo del 2001 cubría la atmósfera. La represión con saña es moneda corriente. Todavía el institucionalismo pesa. Muchxs de lxs que condenan la Teoría de los Dos Demonios para entender la dictadura, no dudan en actualizarla para condenar las expresiones de violencia popular. Sin embargo, resulta que “lxs infiltradxs” son compañerxs luchadorxs, que son exhibidos como trofeos y de guerra, con la finalidad de disciplinar al conjunto. Por eso, crece la solidaridad con lxs presxs políticxs, que se actualiza pidiendo la inmediata libertad para Milton y Eneas. Y, también, crece la pregunta de hasta cuándo nos vamos a dejar gasear, balear, golpear y correr, trascendiendo los pequeños núcleos.
También se ve cómo el empresariado en su conjunto sostiene el experimento que destruye en los hechos y en las leyes derechos laborales de un siglo. Al igual que hace medio siglo, la burguesía no duda en poner la contradicción capital – trabajo por encima de los intereses económicos inmediatos. Cerraron 22.000 empresas, pero los “capitanes” de la industria, la minería, el agronegocio, los bancos, no patean el tablero que está inclinado a su favor a pesar de los insultos y los balances a la baja. Mal que les pese a quienes siguen buscando la quimera de una burguesía que se encolumne con un proyecto nacional y popular, la clase dominante no carece de conciencia de clase. De la mano de la prepotencia hacia lxs laburantes, la subordinación al imperialismo adquiere formas de cipayismo que superan a las del menemismo. La degradación del imperialismo yanqui arrastra la degradación de estas burguesías que sobreactúan su rol de furgón de cola o, mejor dicho, de felpudo.
Este 24 de marzo nos interpela no sólo por los 50 años. Nos interpela porque estamos en una situación con rasgos comunes con las que nuestro país vivió antes de la dictadura. Por supuesto, nada se repite igual. Pero sí es claro que este gobierno no es una casualidad, o un accidente pasajero. Es la cara de una clase que, en su cuesta abajo en la rodada (política, económica, cultural, intelectual y ético-moral), está dispuesta a arrasarlo todo. Y lo está haciendo. Mirar a los ojos de lxs 30.000 puede ser un puente para que el grito de ¡PRESENTES, AHORA Y SIEMPRE! no sea sólo una alerta contra el olvido, sino un llamado para recuperar su fuerza, su convicción de que hay que cambiarlo todo. Revolución se llama eso. Poner fin a una sociedad en la que un puñado vive a costa del trabajo, el dolor y la enfermedad de millones. Poner por encima la fuerza de lo colectivo de quienes hacemos el mundo. Que el miedo cambie de lado, y que elevar el horizonte estratégico nos permita salar de esta cochambre a la que nos están arrastrando. Muchos carteles claman “luche como un jubilado”, “luche como una abuela”, “luche como una madre”. En eso de unir todas esas luchas en una que las contiene y las supera a todas: “luche, luchemos como los 30.000”.


