Este 8 de marzo, día internacional de las mujeres trabajadoras, es necesario reivindicar un feminismo que sea realmente praxis para la revolución.

En tiempos de crisis, decadencia y descomposición generalizada, de disputa por el sentido, de prevalencia de lo efímero y la virtualidad, de palabras vanas que se traicionan al doblar la esquina, es necesario poner en práctica un feminismo coherente entre el decir y el hacer. Luego de años en los que fuimos avanzando, cometiendo errores sin duda, pero también con muchos aprendizajes que fueron nutriendo nuestras experiencias, es indispensable sostener aquello que proclamamos, en nuestras acciones y prácticas en todos los espacios, lugares de trabajo, sindicatos, partidos y organizaciones. Un feminismo que no tenga doble vara ni garantice impunidad y silencio cuando se trata de denunciar y expulsar la violencia machista de nuestras propias organizaciones.  Y no se trata de repetir una frase o el cliché sino de sostener una lucha constante – que no es fácil ni cómoda y molesta a propios y ajenos- contra la hipocresía y la doble moral. Esto nos impone ocupar lugares, no pedir permiso ni esperar a que los otros cambien.

Una coherencia que implica también superar concepciones biologicistas de algunas izquierdas e incorporar las demandas y las luchas de las diversas identidades y expresiones de género a nuestras organizaciones y colectivos, construyendo activamente espacios de igualdad.

Al mismo tiempo, lejos de las reivindicaciones de un feminismo liberal burgués, blanco, occidental, abonamos a la construcción de un feminismo clasista, anticolonialista, antiimperialista, que al tiempo que da batallas contra los micro machismos y las violencias en todos los espacios, lucha por los objetivos estratégicos que ordenan las confrontaciones y las articulan.

En ese sentido, es fundamental, por un lado, construir unidad en las luchas para pelear en las calles sin diluir nuestras diferencias programáticas y disputas, logrando masividad para golpear de manera conjunta a nuestros enemigos de clase. Y por otra parte, es indispensable unificar nuestras luchas con las luchas de las mujeres que se organizan como trabajadoras en todo el mundo, sobre todo en este momento, con aquellas que confrontan directamente al imperialismo. Con las mujeres palestinas, con las mujeres cubanas, con las mujeres iraníes, que desde su lugar de combate defienden sus territorios de la guerra y la invasión llevada adelante por un enemigo brutal, que no duda en masacrar a miles de mujeres y niñas indefensas.  Nuestra tarea es encarar esa misma lucha antiimperialista en nuestro territorio, debilitando al monstruo aquí mismo.

A partir de la articulación de las luchas anticapitalistas y antiimperialistas, en medio de la guerra mundial que avanza, se abre la posibilidad de pensar y construir una estrategia revolucionaria, que sea una verdadera alternativa para las mujeres y toda la humanidad.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, ingresá tu comentario
Por favor, ingresá tu nombre aquí