Ni “libertad”, ni “ataque a la casta” ni solución a la inflación. El gobierno Milei – Villarruel ha puesto en marcha un brutal ataque contra la clase trabajadora y el pueblo. En pocos días vemos cómo los salarios, las jubilaciones, los planes sociales han sido licuados por una inflación de 100% en muchos productos de canasta básica. El presidente nos promete 2 años de este deterioro acelerado, proyectando una inflación hasta mitad del 2024 de (por lo menos) 30% mensual.

Al mismo tiempo, la verdadera casta goza de buena salud y se la lleva en pala (nuevamente). La devaluación del tipo de cambio multiplica al instante las ganancias de los terratenientes y pooles de agroexportación. Los 1200 terratenientes que acaparan el 40%, casi la mitad, de la propiedad de la tierra argentina celebran. También brindan frente a nuestro hambre los empresarios extranjeros (tan “casta” como la oligarquía vernácula) que se adueñaron de 12,5 millones de hectáreas (622 veces el territorio de la Ciudad de Buenos Aires).

Los empresarios industriales, como Paolo Rocca de Techint están felices. El gobierno que dice que no tiene por qué socorrer a las familias que están en riesgo de perder su vivienda por los créditos UVA (“¿por qué vamos a hacernos cargo de una mala decisión que tomaron?” dijo el “león”) o que no es capaz de socorrer a las víctimas de un tornado en Bahía Blanca, les está regalando a las multinacionales más de 20.000 millones de dólares, cubriendo sus deudas en divisas. Una vez más, el conjunto del pueblo tendrá que hacerse cargo de los negociados con deudas fraudulentas que las empresas tomaron con el exterior y que no pueden pagar. Por si fuera poco, cuadros de Techint ocupan puestos clave en el estado. Van a ocuparse directamente, de avanzar en privatizaciones y en la reforma laboral que va a deteriorar más todavía las condiciones de vida y trabajo de las mayorías. A la par, los niveles de pobreza que dejaron tanto el gobierno de Macri como el de Alberto y Cristina Fernández son intolerables. Sobre ese escenario se monta el brutal ajuste que quiere ensayar un gobierno como el de Milei, de por sí inestable e improvisado, carente de estructura partidaria, representación legislativa propia o gobernadores.

Las empresas de servicios vienen con el cuchillo entre los dientes. Buscan llevarse su tajada también. Así, mientras se estigmatiza a les trabajadores precarizades, a estas privatizadas o empresas “mixtas” que retacean inversiones, se les van a autorizar subas que llevarán las tarifas al doble y al triple de las actuales. El transporte -rubro que se lleva junto al alimento y al alquiler la totalidad de los ingresos de la clase trabajadora- aumentará más de 10 veces en enero. Sí, más de 10 veces. ¿Cómo iremos a laburar? ¿Cómo irán nuestres hijes a la escuela?

El extractivismo avanza también. Así entre gallos y medianoche provincias como Río Negro se suman a la misma ofensiva que se viene dando en toda la Cordillera para habilitar zonas de sacrificio. Veneno para los pueblos, cuantiosas ganancias para las multinacionales mineras.

La descomposición política no se queda atrás. Sergio Massa, quien nos decía que representaba “otro modelo de país”, le deja a Milei funcionarios en puestos clave (el “leal” Scioli sigue en la embajada en Brasil, Marco Lavagna en el INDEC, Flavia Royón seguirá subastando nuestro suelo al frente de Minería, y sigue la lista con Leonardo Madcur, Guillermo Michel, Lisandro Catalán, etc). Juntos por el Cambio integra el gobierno con personajes tan nefastos y repudiados como Patricia Bullrich y Nicolás Caputo. No faltan menemistas, como el nazi Barra, o el sobrino del mismísimo. Como se dice en el barrio, “lo peor de cada casa” (¿o lo peor de cada casta?). Los genocidas y sus defensores tienen a Cúneo Libarona y ya cuentan con dos condenados por delitos de lesa humanidad liberados en estos pocos días.

A nivel internacional, no es menos impresentable el panorama. El apoyo obsceno a Zelensky, actor devenido en presidente de Ucrania y títere de la OTAN, repudiado hasta por la propia oficialidad del ejército de su país. La defensa del genocida e infanticida estado de Israel. La subordinación degradante a los Estados Unidos. La invitación al parásito rey de España. El gobierno terrorista de Paraguay. En fin, “dime con quién andas y te diré quién eres”.

No podrán

Milei, Bullrich, Petovello, Adorni nos quieren convencer de que no “permitirán” protestas. Además de apretar la soga del cuello y los cinturones, pretenden que el pueblo argentino acepte con sumisión una nueva fase de la miseria planificada que la clase dominante viene desplegando desde la última dictadura. Amenazan con la represión, con multas, con quita de los planes sociales.

Las direcciones peronistas y kirchneristas juegan una vez más a la desmovilización. Entre el que “hay que esperar” y que “no hay condiciones”, pasando por el “hay que respetar la voluntad de las urnas” pretenden darle aire a este proyecto que significa ya hambre y miseria acrecentadas. Redoblan la desmoralización y el derrotismo, buscando lavarse las manos una vez más de la situación desastrosa a las que nos han llevado sus decisiones políticas.

Sin embargo, a una semana de su asunción, Milei tuvo que ser retirado por una decena de custodios de la cancha de Boca donde votó mientras lo escrachaban. El pueblo, incluso quienes puedan haber votado a Milei hartxs del desastre, no va a aceptar pasivamente el despojo. Urge recuperar los espacios públicos, reconstruir los espacios asamblearios, comunitarios, en los que de forma horizontal podamos encontrarnos todes les que, desde diversas perspectivas ideológicas, apostamos a que el pueblo sea protagonista. El miedo que busca imponer el gobierno, y al que contribuye la desmovilización de las burocracias, se enfrenta con la fuerza de lo colectivo, con la unidad que sabemos construir en las calles, con la frater – sororidad de estar cuerpo a cuerpo defendiendo nada menos que la vida digna.

Para enfrentar esta crisis y esta descomposición crecientes, tenemos que nutrirnos, pensar y poner en práctica un programa. Un programa que identifique cuáles son las raíces de nuestros padeceres. Un programa que recoja las mejores tradiciones de nuestra historia de lucha. Porque no se trata sólo de frenar el avance ajustador y represivo, sino de empezar a resolver los problemas. Hay que desconocer y NO pagar un peso más al FMI. Tenemos que poner fin a los negociados del gran capital y el poder terrateniente que es parte del engranaje de deuda, fuga y empobrecimiento. Dejemos de delegar. Dejemos de darle compás de espera a quienes viven a costa nuestro. Dejemos de subordinarnos a un juego electoral con cartas marcadas a favor de los ricos. Es el momento de construir unidad en la diversidad a partir de un programa que nos lleve a construir la liberación que necesitamos y el futuro que merecemos.

Este 20 de diciembre, y en cada movilización popular, ganemos las calles. Ni un minuto de tregua al gobierno ajustador.

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