
A 50 años de la caída en Combate de la dirección del PRT, seguimos reivindicando su lucha y la construcción y apuesta por una estrategia revolucionaria para nuestro pueblo.
El 19 de julio de 1976 caían bajo las balas del enemigo grandes dirigentes revolucionarios. Esos que el enemigo ha pretendido demonizar y borrar de la memoria popular. Esos que las fuerzas armadas tildaban de “Irrecuperables”, porque sabían de su convicción inquebrantable por la revolución socialista. Esos que expresaban y sintetizaban la experiencia de lucha, organización y conciencia de todo un pueblo.
En tiempos de ofensiva imperialista y del capital en nuestras tierras, donde parece primar la desmoralización y el desánimo, la fragmentación y las disputas internas, nos cuesta como clase y como pueblo visualizar cómo se pudo construir esa verdadera alternativa revolucionaria que llegó a disputar el poder. Cómo es que grandes masas de nuestro pueblo se aprestaron a dar la vida por la construcción de esa otra sociedad igualitaria, donde no hubiera miseria ni explotación. Cómo fue que en una etapa contrarrevolucionaria se logró abrir el camino, cómo cambiar la relación de fuerzas hasta que emergió esa fuerza social revolucionaria.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, en momentos de Guerra Fría y de relativa debilidad de las potencias europeas imperialistas, emergieron en Asia y África las luchas por la liberación del yugo colonial y en Nuestramérica surgirían diversos movimientos nacionalistas burgueses que rápidamente pondrían en evidencia las limitaciones de la política de conciliación de clases. Ante las alternativas de frentes nacionalistas reformistas que claudicaron en la disputa con las burguesías locales y el imperialismo, se impusieron dictaduras en buena parte del continente que desarrollaron una brutal ofensiva contra las clases populares, como la Dictadura Fusiladora que se instala en 1955 en Argentina. En ese escenario, comenzaría una resistencia obrera y popular que daría importantes pasos en la organización clandestina y combativa.
En Cuba, el triunfo de la revolución socialista en 1959 marcaría el camino y abriría una nueva etapa para nuestro continente. Miles de jóvenes estudiantes, obrerxs, campesinxs, pero también artistas, intelectuales, profesionales, tomarían en distintos lugares del mundo el ejemplo del Che, de Fidel y del pueblo combatiente cubano, que demostró que se podía vencer a un enemigo superior en armamento.
En Argentina, en 1965, nacido en quebrachales del norte pobre de nuestro territorio, hablando en quechua y recuperando e integrando el pasado indígena de nuestro pueblo, se fundaría el Partido Revolucionario de los Trabajadores. Al calor de las luchas del tercer mundo, en pleno desarrollo de la guerra de Vietnam, con gobiernos locales que alternaban entre dictaduras duras y blandas y la dura proscripción política y social de la clase trabajadora, los jóvenes estudiantes, trabajadores y campesinos, que habían desarrollado experiencias de organización y confrontación en la lucha por sus derechos, avanzaron en la constitución de un partido que pudiera abonar a la construcción de una alternativa revolucionaria.
Con paciencia, perseverancia y convicción, pero también con claridad y firmeza estratégica nutrida por la teoría revolucionaria, el PRT se fue nutriendo de militancia, de obreros del campo y la ciudad, de estudiantes, de artistas e intelectuales, que fueron desarrollando experiencias de lucha y organización en el seno del pueblo. No fue una evolución lineal, ni sencilla, ni siempre ascendente. No fue un campo de rosas. Hubo derrotas, experiencias fallidas, disputa teórica y rupturas, cárceles, combates callejeros, represión, participación en tomas de fábricas, universidades, lucha sindical y política, en los barrios y asentamientos. Fueron años duros, pero tras casi 15 años de resistencia, las rebeliones populares, cómo el Cordobazo, los Rosariazos y demás insurrecciones marcarían la disposición del pueblo a dar batalla contra las dictaduras y el cuestionamiento al orden social. Se producía un cambio en la correlación de fuerzas y surgía una fuerza social revolucionaria que se expresaría políticamente y también en el plano militar. Una parte importante del pueblo asumía la violencia como un hecho de justicia legítima frente a la violencia desde el sistema y las clases dominantes. ¡Hasta incluso una parte de la iglesia católica, los sacerdotes para el Tercer Mundo, asumirían ese lema!: “La violencia, cuando es desde abajo, es un hecho de justicia”, decían.
Tanto el PRT como otras organizaciones revolucionarias que surgieron en esos años al calor de las luchas populares fueron creciendo y expresando a esa parte del pueblo que avanzaba en su conciencia de que no había otra alternativa más que construir una opción desde abajo. Opción que el PRT logró sintetizar en una alternativa revolucionaria de poder.
La contrarrevolución a nivel mundial debió recurrir a feroces dictaduras que a través de asesinatos, secuestros, torturas y la aniquilación masiva de la militancia buscaron eliminar también ese proyecto revolucionario.
El 19 de julio de 1976, en Villa Martelli, Pcia. de Bs. As., un operativo de la dictadura genocida atacó y aniquiló a la dirección del PRT-ERP: Mario Roberto Santucho, Domingo Menna, Liliana Delfino, Ana María Lanzillotto y Benito Urteaga. El aparato represivo del Estado aplicaba un duro golpe contra la dirección de una organización revolucionaria que había puesto en jaque a la burguesía local.
En un nuevo aniversario de aquel hecho y ante la etapa que atravesamos a nivel mundial, donde la guerra interimperialista está a la orden del día, es fundamental recuperar la perspectiva histórica, conocer y comprender a fondo los procesos que hicieron posible aquella construcción, y que arrojan luz sobre las posibilidades que se abren en nuestro presente, identificar las rupturas y los movimientos que están marcando la posibilidad de enfrentar al imperialismo y los poderes locales, para poder abonar a la organización, desarrollo de las luchas y conciencias de nuestros pueblos, y poder retomar y reconstruir una alternativa revolucionaria. Con la firmeza, la perseverancia y la convicción de esos hombres y mujeres que nos precedieron en la lucha, recuperando su ejemplo, no para hacer un calco y copia, pero sí para alumbrar la esperanza, aún en estos tiempos difíciles.
“Nos empujan a esa lucha y no hay más remedio que enfrentarla”, como dijera el Che, porque “está en juego el destino de la humanidad”.
Mario Roberto Santucho, Domingo Menna, Liliana Delfino, Ana María Lanzillotto, Benito Urteaga, ejemplo revolucionario, ¡Presentes, ahora y siempre!

