
Este 1ro de Mayo encuentra a nuestra clase y nuestro pueblo, como en casi todo el mundo, resistiendo una brutal ofensiva del capital, contra nuestros derechos, nuestras condiciones de vida y trabajo.
En un contexto de guerra a nivel internacional, de crisis y descomposición del capitalismo y de la hegemonía imperialista yanqui, que ante su debacle profundiza su carácter guerrerista, se abre también la posibilidad de una profunda transformación. Los acontecimientos en curso son decisivos para la historia de la humanidad.
Como clase trabajadora, a nivel mundial, en medio de esta crisis, tenemos la oportunidad de construir otro futuro como alternativa a la barbarie.
Sabemos que nunca en nuestra historia la conquista de derechos fue sencilla ni pacífica, como lo demuestran todas las luchas obreras de nuestro país y del mundo. La de los Mártires de Chicago y la de nuestros obreros de la Semana Roja, de los Talleres Vasena y la Semana Trágica, de la Patagonia Rebelde, de la Forestal, la de los 30 mil y cada una de las grandes batallas que nos precedieron. En cada una, la clase dominante ha defendido sus privilegios a sangre y fuego, con un costo enorme en vidas para las y los trabajadores. Sin embargo, a pesar de los embates, ahí hemos seguido, desde abajo, organizándonos y dando pelea, aún en los momentos más duros, sabiendo que ningún enemigo es invencible ni su poder dura para siempre. Así se ha demostrado en cada una de las revoluciones triunfantes en el mundo, pero también en las grandes rebeliones populares, que no son pocas en la historia de nuestra tierra.
Después de siglos de dominio capitalista y estado burgués, y en este contexto de guerra imperialista internacional, la necesidad y posibilidad de la revolución están a la orden del día. Al contrario de quienes continúan cayendo en el fetichismo del parlamentarismo y el institucionalismo (también desde la izquierda), necesitamos construir unidad desde abajo, unidad de ideas, de organización, de lucha, pero con una perspectiva clara de ruptura de este orden social y político putrefacto y que nos permita construir el poder que necesitamos para terminar con este sistema de muerte y explotación que solo nos llevará a la extinción de la humanidad.
Tenemos por dónde empezar, allí vamos articulando y unificando las luchas y resistencias obreras con las luchas ambientales, feministas y de diversas identidades, estudiantiles, de pueblos originarios y comunidades rurales. Allí están el pueblo de Cuba, de Palestina y de Irán demostrando que ningún imperio es invencible y que se los puede enfrentar. Que tenemos el derecho, el deber y la posibilidad de no someternos ni arrodillarnos ante estos bestiales enemigos, sabiendo que la lucha no será fácil ni incruenta, como nunca lo fue, pero que es nuestra única posibilidad de vencer y construir otro futuro, salir a dar batalla.
Hoy más que nunca, ¡la emancipación de la clase trabajadora será obra de les trabajadores mismes! ¡Trabajadores del Mundo Uníos! ¡Por la revolución socialista internacional!


