Construyamos feminismo revolucionario

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“Hay alguien más oprimido que el obrero, y es la mujer del obrero”Flora Tristán, 1843

Terminar con toda explotación y opresión

El feminismo es un movimiento político que se opone al ordenamiento patriarcal de las relaciones sociales. Sin embargo, no existe una sola mirada feminista, sino que dentro de ese movimiento activan diversas tendencias con perspectivas que incluso son contrapuestas, aunque coyunturalmente coincidan en la lucha por algunos de nuestros derechos.

Nosotres nos paramos desde el feminismo, pero desde el feminismo revolucionario. ¿Y esto qué quiere decir? Quiere decir que sabemos que el machismo no golpea por igual a las mujeres y disidencias de todas las clases sociales, sino que ejerce toda su furia contra las mujeres y disidencias de la clase trabajadora y el pueblo pobre. Porque somos nosotres quienes morimos en abortos clandestinos porque no pudimos pagar una clínica privada. Porque somos nosotres quienes, excluides del sistema (laboral, educativo y de salud), caemos en redes de explotación sexual. Porque somos nosotres quienes trabajamos afuera y adentro de la casa, mientras que las mujeres de clase alta nos contratan de niñeras y empleadas domésticas y las disidencias de clase alta inventan un mundo gay friendly al que hay que pagar para entrar. Así como no es lo mismo ser mujer, lesbiana, trans, travesti, bisexual o no binarie de la clase trabajadora, tampoco es lo mismo ser negra, racializada, de pueblos originarios, habitante de Nuestra América, que blanca, nacionalista o europea.

El feminismo revolucionario que construimos a diario mira el mundo con los ojos de las trabajadoras, las pobres, las negras, las disidentes. Pero eso no es todo. El feminismo revolucionario apunta a destruir todas las formas de opresión, por eso somos anticapitalistas, antirracistas y antiimperialistas. Nos encontrarán en las calles luchando por todos nuestros derechos e impulsando la más amplia unidad para conquistarlos porque en ello se nos juega la vida. Por eso, por ejemplo, somos parte de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Pero también somos conscientes de que nuestra lucha no se puede reducir sólo a conquistas parciales. Tenemos que destruir todos los sistemas de opresión del único modo que esto ha sido posible a lo largo de la historia de la humanidad, de manera revolucionaria. Y prepararnos para construir las relaciones sociales que necesitamos: socialistas-feministas.

Marxismo y feminismo como un puño

El marxismo no sólo no ha sido ajeno a la lucha feminista, sino que históricamente ha estado inmerso en esta batalla sin tregua. Sin embargo, las clases dominantes han buscado aislarnos de ese lugar, borrarnos de la historia para apropiarse de nuestros logros. Si no, veamos algunos ejemplos: el primer Estado que afirmó la igualdad jurídica de mujeres y varones fue la Comuna de París (revolución obrera que mantuvo el poder en la capital francesa durante dos meses en 1871); el primer partido político en incluir el voto femenino en su programa fue el Partido Socialdemócrata Alemán en 1891; el primer Estado que aprobó el aborto legal, el voto femenino, el derecho de las mujeres a ser votadas, la separación de la iglesia y el Estado y la eliminación de toda legislación persecutoria contra homosexuales, fue nada menos que la gran revolución obrera y socialista de octubre de 1917 en la Unión Soviética. Decenas de años hubo que luchar para conseguir algunos de estos derechos en los Estados capitalistas, mientras otros ni siquiera son realidad ya entrado el siglo XXI.

Algunas oportunistas al servicio de cambiar algo para que todo quede como está, nos quieren hacer creer que son las “descubridoras” de la doble opresión que significa el trabajo doméstico. ¡Mienten! Ya en 1918, la bolchevique Inessa Armand denunciaba que “Bajo el capitalismo, la mujer obrera debe soportar el doble fardo de trabajar en la fábrica y luego realizar las tareas domésticas en el hogar. No solamente debe hornear y tejer para el patrón, sino que también debe lavar, limpiar y cocinar para su familia”.

Compañeras, compañeres, ha llegado la hora de que recuperemos el hermoso legado que nos dejaron las revolucionarias que nos precedieron y lo hagamos actual. No queremos feminismos institucionalizados en ministerios que sólo disimularán un patriarcado capitalista que siga intacto. Queremos nuestra definitiva emancipación para vivir, gozar, decidir y habitar esta tierra.

Sumate a Venceremos – Partido de Trabajadorxs y lancemos juntes nuestro grito de guerra contra todo lo que nos oprime:

¡QUE CAPITALISMO Y PATRIARCADO CAIGAN JUNTOS!

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