
El Foro Económico Mundial que se reúne en la ciudad suiza dejó expuesta la crisis geopolítica en curso. Desde las amenazas imperiales de EE.UU., las quejas de las “potencias medias” a las bufonadas de los cipayos como Milei, pasando por las declaraciones del gran empresariado… todo lo expuesto muestra un orden mundial descompuesto y que deja a la vista el abandono formal de reglas para dar lugar a un panorama donde el capital trata de avanzar sobre todo lo que se interponga en el camino a cara descubierta. Más allá de la pretensión acerca de la muerte discursiva de Maquiavelo, lo que queda expuesto es la vigencia de Lenin y sus tesis sobre las políticas imperialistas en curso.
Davos, la guerra interimperialista y la necesidad de construir revolución
En un nuevo episodio de bufón del rey, Milei se lució en el Foro de Davos con un discurso pseudo-académico, únicamente para continuar con su rol de furgón de cola del imperialismo. Se sentó en la sillita de la “Junta de Paz”, ese consejo de lamebotas que creen que apoyando a Trump se juegan por el ganador, y se reunió con algunos empresarios para regalarles nuestros bienes comunes. Digno de burgués del tercer mundo.
Pero eso no es lo único que sucedió en Davos. Lo importante no lo estaba discutiendo Milei, sino los mandatarios de la UE y Canadá en respuesta a los avances de EEUU. La competencia por obtener más mercados se transformó en guerra por bloquear al oponente chino y ruso. Eso intenta EE.UU. adueñándose del petróleo de Venezuela, amenazando con ocupar Groenlandia y peleándose con Canadá: eliminar las posibilidades de crecimiento de China y Rusia, bloquearles las rutas comerciales y manejar el comercio total. Por eso la importancia de Israel, y ahora Gaza, en la puerta a esa región del mundo. La amenaza de la resistencia armada palestina es demasiado fuerte como para dejarlo sólo en manos de Netanyahu. La operación económica en Irán orquestada por Bessent, previo a las protestas insufladas por la CIA y el MOSSAD, es parte del plan de control del Levante, que avanza con la anuencia de China y Rusia.
Las burguesías europeas, parte de la OTAN, se la pasaron mirando y aplaudiendo las incursiones bélicas de EE.UU. mientras ocurrieron fuera de sus fronteras. Ahora que EE.UU. amenaza Groenlandia, lloran. Se subordinaron durante tanto tiempo y en tantos aspectos que difícilmente tengan la fuerza de repeler la amenaza hoy. Ese es el comportamiento de la burguesía subordinada. Sin embargo, en Davos se expresaron con algo de contundencia. Los discursos de los mandatarios de Francia, Alemania y Canadá, así como el de la presidenta de la UE giraron en torno a la necesidad de ponerle un freno a EEUU a partir de mejorar sus acuerdos multilaterales entre sí, aunque eso signifique romper con los yanquis. Sostuvieron que defenderían los derechos de Dinamarca sobre Groenlandia (aunque ya se dispusieron a dialogar con Trump). Donald Trump tuvo que remarcar en su discurso que él no quiere dañar a la OTAN y que, por el contrario, está dispuesto a llegar a acuerdos. Claro, después de obligarlos a negociar algo que no estaba en discusión. Todos aprietan, pero sólo Trump ahorca. Por ahora. Lo central es que finalmente todos reconocieron el elefante en la habitación: que el orden mundial está quebrado, que el comercio está fragmentado, que los negocios no fluyen y que estamos en guerra. Alemania sostuvo que está aumentado su potencial bélico, al igual que todo Europa, y defendió su decisión argumentando que ahora rige la ley del más fuerte. El primer ministro canadiense, Mark Carney, fue quizá el más elocuente: expresó que el mundo basado en las reglas de convivencia post 2a Guerra Mundial era un gran engaño que todos acordaron sostener. Toda una lección para gran parte de la izquierda que realmente se lo creyó. Además, anunció acuerdos comerciales “estratégicos” con China, sobre todo a partir de que Trump abandonara el tratado de libre comercio con ese país. Larry Fink, de Blackrock, sostuvo que hay una fuerte apuesta a la IA para el salto de productividad que necesita el capitalismo mundial (con el consecuente aumento de la población sobrante). Pero para que el capital realice su ganancia con el comercio, necesita paz. Y para eso falta. Primero EEUU tiene que correr del medio a China y a Rusia. La apuesta de Trump es a la guerra total. Europa tomó nota, al fin. Lo que murió entre la burguesía mundial es la diplomacia.
La ausencia de un poder mundial que se oponga al avance capitalista divide a la burguesía y radicaliza su lucha interna. La economía de guerra impuesta por las clases dominantes implica tener disciplinada a la clase trabajadora dentro de cada país y redireccionar cada centavo a la maquinaria de matar. Por eso la represión fascista, la guerra civil interna, sobre todo en EEUU. También por eso, tienen el acuerdo general de reducir el “gasto” estatal. El discurso de Milei, si bien payasesco, apunta a continuar con su política de “austeridad” y total dirección del mercado. Ningún resquicio de Estado de bienestar, todo para el empresariado y la guerra.
En ese marco, existen resistencias en varios puntos del planeta, pero que siguen aisladas, sin estrategia común. Como punta de lanza, la resistencia palestina y de los pueblos árabes. También los pueblos del Kurdistan, las revoluciones en África, que golpean el colonialismo. Más incipientemente, la resistencia en EE.UU. avanza, lxs trabajadorxs de América latina tenemos sobrada experiencia de lucha para avanzar en una estrategia común. Cuba mostró que aún es un faro antiimperialista. Queda pendiente la unificación de los planes de la clase trabajadora mundial. La guerra interimperialista avanza, los pueblos deberemos avanzar en mayores niveles de organización y unidad en esta etapa de guerra que ya se desarrolla con toda claridad. Ninguna burguesía de ningún país podrá encarnar una salida independiente. Ni China ni Rusia mostraron apoyar ningún proceso antiimperialista, ni siquiera en Venezuela, de donde compran su petróleo.
A casi cien años de la muerte física de Lenin, confirmamos nuevamente que el capitalismo en su fase imperialista termina inevitablemente en guerras. Dependerá de nosotrxs que las resistencias también se transformen en revoluciones.


