Un nuevo diciembre está promediando, y las condiciones de vida a las que gobierno de CEO’s de Cambiemos bajo las órdenes del FMI está sometiendo al conjunto del pueblo trabajador irremediablemente nos remite al 2001, aunque mucho ha cambiado desde ese entonces.

Hace un año, ese estallido popular tuvo una breve pero contundente emergencia en los reclamos contra la reforma previsional, donde organizadamente la bronca contra el saqueo a los que menos tienen se hizo sentir. Luego vino una salvaje represión que, sin embargo, no pudo impedir que amplios sectores de la sociedad se guardarán en sus casas, y en distintos puntos del país se organizaron masivos cacerolazos que incluso en CABA confluyeron nuevamente en el Congreso.

Ese diciembre, el de hace un año, sembró la crisis más aguda y abrió un nuevo escenario para el gobierno que atravesó todo este 2018 sabiendo que el piquete y la cacerola no estaban tan lejos como les hubiera gustado, y donde la crisis económica lo dejó al borde del abismo, con un salvavidas de plomo lanzado desde las oficinas de Lagarde.

Ahora bien, no solo el gobierno se sintió atemorizado ante las manifestaciones populares de nuestro pueblo, esa sensación es compartida por el conjunto de la clase política que ve en el 2001 a las masas en las calles forjando su propio destino. Si hay algo que la burguesía le rehúye, sea cual fuere su color político, es al protagonismo popular que nace desde abajo. Desde entonces, han venido operando un intento de reconstrucción institucional, donde los 12 años de gobierno del Frente para la Victoria jugaron un papel esencial en la restauración de la autoridad estatal y es bajo ese mismo objetivo común, que gran parte del PJ en todas sus vertientes acata el ajuste en marcha con la promesa de la alternancia de gobiernos.

Del 2001 hasta acá, podemos decir que en el imaginario del campo popular quedaron cristalizadas dos lecturas, donde el sector que se vio interpelado por el kirchnerismo en sus doce años de gobierno ubica a este espacio como quienes vinieron a reconstruir la Patria, a ponerle fin a la crisis.  Los que en cambio sostuvimos una posición independiente de los gobiernos de Néstor y Cristina Fernández, vemos en el 2001 la fuerza de la rebelión, la posibilidad de organizarse y constituir salidas colectivas ante un sistema que sólo genera hambre, el poder del pueblo en las calles y también, porque no decirlo, un proyecto inconcluso, una posibilidad que, por las importantes debilidades y limitaciones de las organizaciones de izquierda, no pudo ser capitalizada en pos de un proyecto superador y sigue siendo uno de nuestros principales desafíos para transformar todo lo que deba ser cambiado.

Pasados ya 17 años las condiciones de organización son muy distintas. Los movimientos piqueteros protagonistas entonces hoy tienen sobre sus espaldas casi dos décadas de experiencia, marcos de coordinación nacionales y una enorme capacidad de movilizar. El movimiento obrero, aún ante los ataques foribundos de las patronales y si bien de manera dispersa y aún bajo el mando de una burocracia entreguista, sigue dando muestras de una nueva juventud obrera que pelea y se planta. El movimiento de mujeres y disidencias, tiene hoy una masividad impensada por entonces, y es protagonista en las calles y en la agenda política, siendo uno de los factores más disruptivos de la coyuntura. La lista podría seguir, por el simple hecho, de que existe un movimiento popular capaz de derrotar a este gobierno y al FMI en las calles como se vio en el 2×1 a los genocidas y porque si vemos las noticias desde febrero del 2016 que no hay un solo mes en el que no tenga lugar una movilización masiva repudiando las políticas de este gobierno. A pesar de la ofensiva represiva que el macrismo quiere desplegar, no han podido disciplinar a la protesta social.

En la actualidad se presenta una disputa política abierta por orientar ese amplio movimiento hacia adelante. A diferencia de quienes proponer volver a integrar al movimiento popular al estado y a las variantes del sistema, desde Venceremos en Poder Popular estamos totalmente convencidxs que el camino es la fuerza de los trabajadorxs retomando la tradición de organización y lucha que nos dejó el 2001 para echar a Macri y al FMI, y por un proyecto de país sin hambre, miseria y explotación.

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