El 22 de este mes se cumplen 46 años de la Masacre de Trelew. La memoria de los compañeros y compañeras fusiladas es un deber y una necesidad para quienes luchamos por la liberación nacional y social hoy.

En la madrugada del 22 de agosto de 1972 la patrulla al mando del capitán Luis Emilio Sosa y del teniente Guillermo Roberto Bravo fusiló a las y los 19 presos políticos que desde el 15 de agosto mantenían encerrados y encerradas en la base Almirante Zar, luego de la fallida fuga del Penal de Rawson. Los y las 19 combatientes que no llegaron a subirse al avión que permitió poner a salvo a los máximos dirigentes de las tres organizaciones revolucionarias de la Argentina (PRT – ERP, FAR Y Montoneros) eran parte de lo más avanzado del proceso de toma de conciencia y de radicalización de la lucha de clases.

La unidad de las organizaciones revolucionarias, el modo de encararla y las posibilidades y dificultades de su concreción es una de las dimensiones sobre la que debemos volver. Asimismo, también es necesario extraer conclusiones sobre el modo en que el retorno de Perón, en el marco de la apertura democrática, frenó ese proceso de confluencia, aunque no pudiera frenar el avance de la lucha de masas. El proceso de formación de esas organizaciones jóvenes dirigidas por jóvenes en un marco nuestroamericano y mundial de luchas contra la explotación y la opresión, es otro eje central para el análisis, así como los debates sobre el modo en que se estaba dando la revolución en el Tercer Mundo y el modo singular que adoptaría en Argentina. También las biografías comunes y únicas de cada una y cada uno de los fusilados, sus proyectos colectivos, sus intereses, sus voces. Como se ve, muchas son las aristas. Sin embargo, en este artículo queremos discutir otro aspecto o dimensión del proceso: la relación de las organizaciones revolucionarias con el pueblo.

¿Dos demonios? ¿Guerra de aparatos?

La veneración de las instituciones de la democracia (burguesa) y de la legalidad (también burguesa) hace que desde diversas corrientes, que esperan que la lucha de clases se adapte a los manuales de modales y buenas costumbres, se haya buscado y se siga buscando defenestrar la experiencia que tuvo en Trelew uno de sus hitos. “Militaristas”, “voluntaristas”, “cultores de la violencia”, “responsables de la escalada represiva”, “desligados de las masas”, “sin vínculo con la clase obrera”, “autoritarios y prepotentes que subestimaron el valor de la democracia” son algunos de los remanidos latiguillos empleados.

Sin embargo, el enemigo de clase tuvo muy claro que el vínculo entre masas y vanguardia era parte de un proceso revolucionario en curso. Hacía décadas que las Fuerzas Armadas, la iglesia católica oficial, el empresariado y los políticos patronales se venían preparando para enfrentar esa situación.

El trabajo activo de las tres organizaciones que participaron en la fuga y a las que pertenecían los y las compañeras caídas en Trelew en cuanta instancia organizativa del pueblo existiera, fue amplio, versátil y profundo. Entendieron a la vez que esas instancias creadas para la lucha contra las incontables injusticias del régimen no bastaban para arrancarle el poder a los dueños de todo que no cederían sus privilegios en forma pacífica. Hijos e hijas del pueblo y vanguardia, fueron “el pueblo en armas” como dijera el Indio Bonet en la conferencia de prensa del aeropuerto.

Los comités de solidaridad con las y los presos

Ante la feroz represión que inundaba las cárceles con presas y presos políticos y que los confinaba en un penal lejano para separarlos del pueblo, las y los habitantes de Rawson y Trelew conformaron comités de solidaridad, se convirtieron en apoderados y apoderadas de las y los presos, las y los visitaban, les llevaban abrigo, cartas, provisiones, hospedaban a sus familias.[1] Todos los jueves salían caravanas de Trelew hacia la cárcel de Rawson llevando a familiares y apoderados y apoderadas del pueblo (que llegarían a ser más de 100) donde compartirían charlas y amistad con los presos y las presas. Leían cartas, debatían y aprendían.

El día de la fuga, integrantes del comité de solidaridad salieron a patrullar las calles por si alguno de las y los presos andaba fugitivo y necesitaba ocultarse. La gente de Rawson permaneció en vela toda la noche. El 11 de octubre de 1972, luego de los fusilamientos, la dictadura emprendió la represión contra el pueblo que había prestado su colaboración a la guerrilla. Un operativo militar allanó más de cien casas en Rawson, Trelew y Puerto Madryn y detuvo a 18 personas que fueron llevadas a la cárcel de Villa Devoto en Buenos Aires. El mismo día a la mañana se convocó por radio a toda la comunidad a una asamblea en la que proclamaron la huelga general y el es tado de asamblea permanente. Durante casi una semana más de tres mil personas se mantuvieron en vela en la ciudad de Trelew. “Prohibido dormir”, tal fue la consigna de un pueblo que se negaba a cerrar los ojos ante la represión y el dolor y que se radicalizó en el proceso.

Muchos hombres y mujeres, algunos sin participación política previa, cobraron consciencia de que la única salida era la lucha colectiva. El pueblo todo se organizó. La contundente huelga general – que fue desautorizada por la CGT oficial y oficiosa- tuvo un acatamiento que superó el 90%, y luego de cuatro días de masivas manifestaciones lograron finalmente la libertad de los presos y las presas de los allanamientos.

La visión de la vanguardia obrera

El mayor dirigente obrero revolucionario de nuestra historia, Agustín Tosco, preso en la cárcel de Rawson, no estaba equivocado al homenajear a las compañeras y compañeros caídos. Su voz clara fue la encargada de realizar el merecido homenaje nombrando a las y los fusilados. “Se entonaron colectivamente las distintas marchas partidarias – recordaba el dirigente de Luz y Fuerza de Córdoba-. Todo quedó en silencio. Los guardias ordenaron acostarse. Esa noche nadie durmió. El recuerdo de los mártires caídos, la imagen de cada uno, el heroico ejemplo de cada uno, llenaba la imaginación, hacía estremecer los sentimientos y daba una pauta más del duro y glorioso camino revolucionario que recorren la Clase Obrera y el Pueblo hasta su total y definitiva liberación.”[2]

¡Ya van a ver…!

A diferencia de quienes postulan diversas variantes de la teoría de los dos demonios, el enemigo comprendió que el vínculo entre las guerrillas y el pueblo existía y que a medida que la lucha de clases se agudizaba, las filas de las organizaciones armadas se ensanchaban. Los cuerpos fueron entregados a sus familias en cajones cerrados y soldados y se les prohibió abrirlos y, adrede, los enviaron a las localidades natales para evitar que el velorio y sepelio se convirtiera en un gran acto de repudio a la dictadura. Sin embargo, en cada lugar, el pueblo lloró a sus mejores hijos e hijas: en la ciudad de Buenos Aires, en Córdoba capital, en Rosario, en Tucumán, en Concordia, en Santiago del Estero y en Pergamino hubo movilizaciones que fueron a acompañar y homenajear a los compañeros y compañeras caídos.

El poder se ensañó contra esas manifestaciones. En la ciudad de Buenos Aires un enorme operativo encabezado por el futuro coorganizador de la Triple A, el comisario Alberto Villar, reprimió con tanques, caballos, perros y gases. Las mil personas que se habían congregado defendieron el secuestro de los restos y en una nube de gases lacrimógenos llevaron en andas los cajones. En Córdoba el velatorio iba a realizarse en la sede de la CGT. Sin embargo, Alcides López Aufranc (el pionero en la introducción de la doctrina contrarrevolucionaria de la Escuela Francesa) clausuró el local; las escenas de represión se dieron en las casas de las familias. En Rosario también hubo represión. Allí entre las numerosas personas que se acercaron, hubo una nutrida delegación de trabajadores del frigorífico Swift en el que había trabajado uno de los fusilados.

La memoria

Homenajeamos a las y los héroes de Trelew porque es necesario en épocas en que la revolución se muestra esquiva no olvidar quiénes somos. Porque como pueblo tenemos historia, tenemos héroes y heroínas y tenemos mártires; y nuestra memoria es razón, es sentido, y es fuerza. María Angélica Sabelli, Eduardo Capello, Ana María Villarreal, Mariano Pujadas, Susana Lesgart, Humberto Toschi, Miguel Ángel Polti, Mario Emilio Delfino, Alberto Del Rey, Clarisa Lea Place, Humberto Segundo Suárez, José Ricardo Mena, Alberto Elías Kohon, Carlos Heriberto Astudillo, Rubén Pedro Bonet, Jorge Alejandro Ulla, María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps, Ricardo René Haidar.

 

¡COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS FUSILADOS EN TRELEW, PRESENTES!

¡HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE!

 

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