Ecuador, una lucha heroica

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“Siempre vieron al pueblo/ como un montón de espaldas/ que corrían para allá/ como un campo para dejar caer/ con odio los garrotes.” Roque Dalton
Siempre hay una gota, una última gota que se vierte sobre el vaso lleno y que termina por desbordarlo. La gota que hizo rebalsó la paciencia del pueblo ecuatoriano es el aumento del precio del combustible (un 123%), que impactó en el transporte terrestre, en otros productos y por ende en el bolsillo popular. La gota que rebalsó el vaso es, además, el efecto inmediato de otra vieja nueva receta fondomonetarista. Esto es, un paquetazo que cocina el imperialismo para sofocar a los pueblos. Nada nuevo. Contenido y forma repetidos para escenarios similares: un Ecuador que “necesita” pedir deuda y un acreedor que siempre aprovecha la oportunidad para imponer su política (de saqueo, de ajuste) a cambio de dólares: 4.209 millones exactamente.

Hasta la fecha se cuentan 73 heridos, 570 detenidos y un muerto, según cifras oficiales. El gobierno decretó el “toque de queda” una vez que la Asamblea Nacional fue ocupada por miles de manifestantes organizados/as en los movimientos indígenas.

El ejército patrulla el territorio, mientras el Ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, anuncia que las fuerzas tienen autorización para usar armas letales. Como si no bastara la amenaza, recalca que los militares tienen “experiencia de guerra”. El pueblo indígena retuvo a 47 militares. La situación es explosiva. La capital gubernamental fue trasladada a Guayaquil y en el día de hoy se espera que miles se manifiesten en las ciudades. Por si quedan dudas, el vaso fue rebalsado y el enfrentamiento con la población es irreversible.

Mientras tanto, el correísmo se expresa a favor del adelantamiento de las elecciones. Una respuesta que a esta altura queda corta para el tamaño de los reclamos y el calor de la lucha obrera, estudiantil, originaria y popular. «La pulseada es difícil pero no hay otra alternativa que seguir empujando para intentar que Moreno caiga”, subrayó un dirigente obrero en Cuenca. A su vez, los líderes indígenas de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), despegándose de Correa, no dudaron en señalar que «Nuestra lucha es por la salida del FMI del Ecuador». No se trata esta pelea de un simple recambio de figuritas. Los/as de abajo han aprendido que un par de años de democracia burguesa no se resuelve sus problemas más agudos. La institucionalidad se resquebraja al calor de las movilizaciones y el pueblo condiciona cualquier alternativa porque es en las calles donde está demostrando los límites políticos de un gobierno que no supo decirle que no al imperialismo y que apretó tanto la soga que ahora se le ha ido de las manos. El pueblo movilizado puede, y está logrando, forzar una renuncia y también dejar un claro mensaje para los futuros candidatos a restaurar el orden del sistema.

Son cientos de kilómetros de selva y campo, hasta la capital. El pueblo viene marchando de frente –“viene de pecho” como diría Roque Dalton- porque el hambre ya era mucha y ya era mucho el suplicio de la vida. Poco parecida a la vida, esta forma de estar sobre la tierra. Ellos/as, que conocen la tierra mejor que nadie, ellos/as campesinos/as, ellos/as indígenas, ellos/as obreros/as, ellos/as estudiantes, ellos/as pueblo marchan con el mandato de la tierra y de la dignidad hacia la capital. Portan sus palos y lanzas, su cuero curtido, charangos. Banderas de todos colores flamean en las rutas. Las rutas se empezaron a cortar hace días y el paro general sigue paralizando el país. El pueblo heroico de Ecuador pone con sus cuerpos en la calle, con sus pancartas, con su lucha callejera, con su acción directa en jaque a todo un entramado político. Sin dudas un avance en la lucha de clases de Nuestra América, un ejemplo de rebeldía que debe inspirar a cada pueblo. Es en la calle y es por izquierda.

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