Vilma, multiplicando sonidos

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En tiempos de feminismos que avanzan, de conquistas arrancadas y voces que ya no se callan; a un año de la marea verde que colmó las calles de nuestro país y resonó en muchos rincones de nuestro continente y el mundo, se vuelve preciso recordar a Vilma Espín, quien hace 12 años moría en la Habana también en junio. Alicia, Mónica, Mariela, Deborah o Vilma, todos sus nombres, los clandestinos, el propio, los de todas las cubanas, los de nosotras; porque Vilma, la revolucionaria cubana, nos nombra también en cada uno de sus nombres y sus pasos, sus victorias y sus ajustes con este mundo.

Referente de la revolución dentro de la revolución, Vilma es sinónimo de las muchísimas cubanas que lucharon por el fin de la dictadura de Batista, que se organizaron para hacer la revolución y que se plantaron para que una vez revolucionada Cuba, las cosas para las mujeres cambiaran. Siempre se dice que los tiempos de acción van más rápido que los tiempos de teorización, y aunque, por falencias conocidas y bastante problematizadas, a veces por cuestiones propias del proceso revolucionario cubano y otras porque ese proceso se da en un tiempo y en un espacio cultural y político específico, si bien nos aparece la insistente sugerencia de que los logros impartidos por Vilma se reducen a interpretar y llevar adelante las ideas de Fidel, acá venimos a impartir justicia feminista y a celebrar la rebeldía de quien supo ser una de las mujeres que impartieron consecuencias radicales en la vida de la población cubana.

Antes y después

Comenzó su militancia política al calor de la toma del Moncada y en 1958 ya se había convertido en la legendaria guerrillera del Segundo Frente Oriental Frank País, bajo el mando de Raúl, a la vez que coordinaba a los combatientes clandestinos de la agrupación guerrillera. Dos años después, el 23 de agosto, fundó la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la cual unificó a las diferentes organizaciones de mujeres que venían existiendo en la isla. Este proceso de integración fue clave para el profundo proceso de comprensión del papel que tenía la mujer en la sociedad y el que tenía que desempeñar en la revolución.

En una sociedad signada por relaciones sociales tradicionalistas y rudimentarias, con anclajes profundamente religiosos, con profundas diferenciaciones de clase, la revolución no solo vino a sacudir a las familias más pobres y conservadoras en sus costumbres más naturalizadas, que se veían frente a la situación de tener que dejar ir a las hijas a realizar trabajos voluntarios en brigadas compartiendo meses viviendo y trabajando con hombres jóvenes, pasando por sobre las concepciones de virginidad sagrada que tenían, dejándose atravesar por la exploración de ideas de igualdad que en la práctica no eran otra cosa que un reto a estructuras patriarcales absolutamente sedimentadas. También jóvenes como Vilma, que provenían de sectores más acomodados, que habían transitado la universidad, y las ideas modernas, sintieron la sacudida de entender esos sedimentos y la necesidad de revolucionar la revolución.

El ahora

Desde nuestro hoy podemos decir que las múltiples actividades que se impartían desde la FMC reproducían estereotipos, seguían otorgando a la mujer el lugar de cuidado y los roles históricamente asignados no fueron profundamente cuestionados. En un contexto latinoamericano complejo, el acceso femenino al voto, la instauración de la Ley del divorcio, de la patria potestad y otras reivindicaciones, adquieren matices y tonos particulares en la Cuba revolucionaria. Pero también hay que decir que donde las mujeres no tenían cupo para ocupar cargos, estos se veían ocupados por ellas en creciente avance. Y si bien los estudios de género llegaron tarde a la Cuba socialista, fueron éstos los que se encontraron con mujeres absolutamente preparadas en prácticas sociales profesionales, con una vida pública y política activa.

Desde nuestro hoy convulsionado, movilizado nos corresponde afinar el ojo crítico y avanzar a sabiendas de las limitaciones que las mujeres de nuestra historia tuvieron y las que tenemos nosotras todavía, y para ello es nuestra responsabilidad poder reconocer también los aciertos de aquellas que lucharon, que soñaron mundos nuevos, desde sus propios mundos, que pusieron el cuerpo y el corazón en ello.

Vilma es una de ellas, una de las que vió en Cuba participar a las mujeres como nunca en la historia, de la vida política, económica y cultural de su país. La que desempeñó cargos y discutió y debatió la creación de leyes y políticas sustancialmente revolucionarias para las mujeres de su pueblo.

Vilma, la que soñó con un mundo distinto y nos dejó uno mucho mejor.

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