Ante una nueva avanzada imperialista sobre Venezuela, es fundamental la más amplia solidaridad con el pueblo chavista, para enfrentar a la derecha y a la injerencia yanqui.

Venezuela volvió a ser el foco de atención desde la madrugada del 21 de enero, cuando un grupo de 40 miembros de la Guardia Nacional Bolivariana intentó tomar un puesto de comando policial con el objetivo de robar armas. De allí en adelante se desataron una seguidilla de acciones orquestadas. El fuerte de esta nueva avanzada está claramente puesto en las fuerzas externas, con EEUU como su principal artífice. En este marco aparece Juan Guaidó, un político de 35 años, miembro del partido Voluntad Popular y reciente titular de la Asamblea Nacional. En un episodio sin precedentes, este ignoto funcionario se autoproclamó presidente interino de Venezuela durante las movilizaciones del 23 de enero y llamó a las FFAA a acompañarlo. Así quedó públicamente declarado un intento de golpe de estado con desenlace incierto.

La derecha venezolana lejos está de su mejor momento. Su auge fue posterior a las elecciones legislativas en diciembre del 2015, en las que articulada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) resultó victoriosa. De allí en adelante las tensiones internas respecto a los métodos para derrocar al presidente Maduro, y la iniciativa política del chavismo de convocar a una nueva Asamblea Nacional Constituyente con afán de pacificar fortaleciendo dispositivos democráticos, llevaron a su desarticulación.
La aparición de Guaidó es un intento de la derecha por reposicionarse. Sin embargo, ésta aún cuenta con limitaciones para construir movilizaciones masivas y permanentes, por más que forzadamente las coberturas mediáticas traten de mostrar lo contrario.

El diablo metió la cola, una vez más
Pero esta vez más que nunca queda a las claras el direccionamiento de esta arremetida desde la Casa Blanca. Así lo expuso el video publicado por el vicepresidente de los EEUU convocando a la marcha del 23 de enero, seguida con el inmediato reconocimiento como presidente del golpista Guaidó por parte de Trump, acción imitada por los gobiernos de Argentina, Colombia, Chile, Paraguay, Brasil, Ecuador, Panamá y Guatemala (muchos de estos articulados en el Grupo de Lima).
Como si no bastara, desde la cúpula del imperialismo rápidamente se pusieron en movimiento para generar el posicionamiento de diversos gobiernos, articulaciones y organismos internacionales. Allí se sumaron a la acción Francia, Alemania, España, Gran Bretaña y Canadá. Por su parte, la Unión Europea resolvió dar 90 días desde el jueves 31 de enero, para alcanzar una solución “pacífica y democrática” convocando a una nueva elección. En búsqueda de sumar presiones, una parte del conglomerado europeo ya se expidió este 4 de febrero reconociendo a Guaidó como presidente interino. Se trata de una avanzada en el terreno diplomático que aún no llega a su fin, y que cobra mayor impacto cuando comienza a repercutir en la dimensión económica.

El lunes 28 de enero EEUU anunció nuevas sanciones contra Venezuela congelando activos y cuentas de la filial de PDVSA en territorio yanqui, el activo estatal más importante fuera del país. Las medidas impuestas a la filial Citgo Petroleum representarían una perdida de US$11.000 millones, que sumada a otras similares como la realizada por Inglaterra, elevaría la cifra a US$20.000 millones. Al mismo tiempo funcionarios estadounidenses plantearon su voluntad de trasladar la autoridad de la filial a manos de Guaidó, de modo de profundizar la paralelización al gobierno venezolano electo.

Con repetidas bravuconadas en boca de los altos mandos militares y políticos, EEUU está abriendo la posibilidad de una intervención militar. De esta forma, aunque no sea el escenario más probable, dejan planteada esta hipótesis si otras formas indirectas de boicot fueran insuficientes para voltear al gobierno. En este marco, un punto de tensión y posible conflicto es el de las fronteras de Venezuela con Brasil, y sobre todo con Colombia, histórico aliado de EEUU en donde la potencia imperialista tiene numerosas bases militares.

Aún así, el frente externo también cuenta con apoyos hacia el gobierno de Maduro, lo que pone algunos límites a la avanzada yanqui y muestra a Venezuela en el centro de disputas geoestratégicas. Países como Rusia, China, Italia, Turquía, México, Uruguay, Bolivia y Cuba manifestaron de diversas formas su respaldo al gobierno de Maduro. México y Uruguay se opusieron al reconocimiento de Guaidó, y autodenominándose como países “neutrales” convocaron a una conferencia de países para el 7 de febrero con todos los que se sientan identificados en esta posición, para “establecer un nuevo mecanismo de diálogo” con todas las fuerzas venezolanas a fin de “devolver la estabilidad y la paz”. Pero sin dudas la cuestión que puede operar como mayor freno a las intenciones yanquis es la estrecha relación de Venezuela con el gobierno ruso, quienes incluso tienen acuerdos avanzados para instalar una base militar.

En una avanzada que como decíamos tiene principalmente su frente más dinámico y poderoso en el extranjero, el rol de los medios de comunicación merece una mención particular. Enmarcado en una estrategia iniciada hace tiempo, el bombardeo mediático sostenido en contra de Venezuela ha sido funcional para ganar a importantes sectores de la opinión pública contra el chavismo. Sus victorias principales fueron dos: instalar la lectura del gobierno de Maduro como una dictadura y, un objetivo aún más invisible: convertir en agenda internacional cada suceso del país venezolano colocándolos como situaciones exclusivas. Nos permitimos preguntarnos ¿Por qué no es noticia permanente la situación de México, donde con amplias vinculaciones con el estado, el poder de los narcos no cesa de crecer, coronando el 2017 como uno de sus años más violentos al registrar 31.174 muertos (80 por día)? ¿Por qué no es noticia permanente la situación de Colombia, en donde incumpliendo los acuerdos de paz, siguen vigentes la represión militar y paramilitar, con cientos de líderes y lideresas sociales asesinados, miles de presos políticos y encarcelamiento de opositores como Santrich?

Esto expone la existencia de intereses particulares. Al imperialismo no le preocupa el pueblo venezolano, le preocupa la existencia de un gobierno que se atreve a gestionar autónomamente sus enormes recursos naturales, y que incluso se permite discutir el capitalismo.

Chavismo o abismo
El chavismo sigue mostrándose de pie y dispuesto a defender su dignidad con uñas y dientes. Demostró que sostiene capacidad de movilización luciendo masivas columnas en las marchas del 23 de enero y del 2 de febrero. Cuenta también con amplios tejidos organizativos en los territorios, estructuras que se han quedado a mitad de camino en trabajar un verdadero empoderamiento del pueblo, pero que son importantes dispositivos a la hora de dar respuesta a las necesidades más básicas, como el suministro de alimentos en tiempos de crisis. Y acá es necesario detenerse en uno de los mayores bastiones con los que cuenta el proyecto bolivariano: los avances sociales conseguidos durante los gobiernos de Chávez y el trabajo en la consciencia le permitieron construir fuertes lazos con el pueblo pobre. Este conoce hasta el cansancio a las oposiciones políticas y sus intenciones cipayas.

Otro factor de importancia de la fuerza chavista reside en el, hasta ahora incondicional, apoyo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). A la que se suma la estructura de la Milicia Nacional Bolivariana, cuerpo de civiles preparados para la defensa militar del país que ronda los 1.660.000 miembros. Por su parte, el PSUV, el partido más grande del país y mayor herramienta política del chavismo, no ha demostrado tensiones internas de significancia.

En este marco, lo vulgar de la pretensión de injerencia yanqui es un factor más que fortalece al abroquelamiento anti imperialista, bajo la legítima voluntad de un pueblo a su autodeterminación e independencia. Así para amplios sectores del pueblo la situación actual se plantea clara: chavismo o abismo.

Por supuesto, nada de esto elimina los límites y contradicciones que arrastra el proyecto bolivariano, que hoy se traducen en importantes problemas económicos, con una hiperinflación colosal, el desabastecimiento de alimentos y productos básicos, los lastres burocráticos, el empobrecimiento creciente, y los miles de migrantes. Estos son importantes elementos de desgaste que no pueden soslayarse.

Por Venezuela y Nuestramérica
El imperialismo sabe bien lo que se juega en Venezuela, es una apuesta a cambiar la correlación de fuerzas a nivel continental. La derrota del chavismo implicaría un retroceso en las condiciones de vida y derechos alcanzados por las y los trabajadores venezolanos, pero también implicaría un empeoramiento de las condiciones de lucha para todos los que nos proponemos una transformación de raíz a lo largo y ancho del continente. Por eso se trata de una batalla fundamental para los pueblos de Nuestramérica.

En un contexto de disputas geopolíticas, EEUU pretende sumar a los gobiernos latinoamericanos neoliberales ya serviles y sumisos a su voluntad, una Venezuela derrotada para extender su autoridad en todo el continente. No hay forma de esconder las intenciones estadounidenses por más que busquen eufemismos del tipo “ayuda humanitaria”. A este lobo disfrazado de cordero ya lo conocemos, lo vimos actuar en Siria e Irak y sabemos los destrozos que genera. La ambición por manejar el petróleo venezolano y desestabilizar a un gobierno que no se subordina al imperialismo quedan expuestos para todo el mundo. No podemos permitir este antecedente injerencista en nuestro continente, lo que se juega acá es el derecho más básico de los pueblos a nuestra autodeterminación e independencia.

Así se nos plantea necesaria la más amplia solidaridad internacionalista, donde no hay lugar a medias tintas. Todo nuestro apoyo al pueblo chavista, un pueblo que demostró capacidad de dar respuesta en escenarios verdaderamente adversos.


¡Abajo el golpe de estado en Venezuela!
¡Fuera yanquis de América Latina!

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