A vencer diciembre//Situación nacional

La cumbre del imperialismo mundial

En una ciudad impactantemente mili­tarizada, por la que se gastó 4.368 millones de pesos o el equivalente a la construcción de alrededor de 150 jardines de infantes, se desarrolló en Buenos Aires la decimoter­cera Cumbre del G-20, con la presencia de los presidentes de los 19 países integrantes más un representante de la Unión Euro­pea. De conjunto representan el 85% del PBI mundial, un 66% de su población, el 75% del comercio internacional y el 80% de sus inversiones. De este foro de “cooperación internacional” participan, además, unas 14 organizaciones internacionales entre las que se incluyen el FMI, la OCDE, la ONU, la OMC, la OIT, entre otras.

En su rol de anfitrión, con papelones ce­remoniales incluidos, el gobierno de Mauri­cio Macri, corona así su política de subordi­nación servil a los imperialistas del mundo en su gestión de “reinsertarnos al mundo”. En esta nueva edición de la cumbre los re­sultados no distan en mucho de las reunio­nes previas. Se considera todo un logro que ésta no haya sido la última cumbre del G-20 y, más aún, haber firmado un documento absolutamente superficial de 6 páginas en el que EEUU manifiesta explícitamente su de­cisión de retirarse del acuerdo de París sobre el cambio climático, pese al sostenimiento del resto de los países miembros del conve­nio firmado en 2015 que establece medidas para la evitar el calentamiento global. Por otro lado, no hay referencias a los principa­les conflictos geopolíticos que hoy aquejan a los pueblos del mundo. La declaración final salomónica se abstiene de hacer referencias criticas al proteccionismo, siendo este un triunfo de Trump, planteando como nece­sidad futura habilitar alguna reestructura­ción de la OMC.

En un contexto mundial signado por la guerra comercial entre EEUU y China, que tiene como trasfondo la disputa por el control futuro del campo de la robótica, la inteligencia artificial y los descubrimientos científicos, la suspensión por 90 días de la aplicación de los aranceles del 25% a las im­portaciones chinas a EEUU -que debían regir desde el primer día del 2019- acordada en la bilateral entre Trump y Xi Jinping implicó una “tregua” momentánea del conflicto.

En definitiva, esta cumbre del G-20 pasa sin pena ni gloria. Su mayor resul­tado es haber evitado una ruptura mayor del consenso capitalista global en un mo­mento donde la crisis de mundialización neoliberal golpea el orden global.

Macri y la sumisión al capitalismo mundial

En lo que respecta a la política domésti­ca, con la realización de la Cumbre del G-20 por primera vez en un país latinoamerica­no, Macri consiguió la foto que esperaba: el respaldo de las potencias capitalistas del mundo al plan de ajuste pactado con el FMI y sumisión a los capitales imperialistas. De las reuniones bilaterales, principalmente con China, EEUU, Francia, y el Banco Euro­peo de Inversiones, obtuvo además acuer­dos de inversiones y financiamiento, sobre todo para el rubro energético en el orden de los 2500 millones de dólares.

Aun cuando las expectativas iniciales no fueron cumplidas, ya que no se con­firmó el ansiado ingreso de nuestro país a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ni tampo­co se concretó la firma del acuerdo entre el Mercosur y la UE postergándose nue­vamente su definición para enero con la dificultad de que la asunción de Bolsona­ro a la presidencia de Brasil eche por tie­rra el tratado; Macri termina el peor año de su gobierno con el sostén de la cúpula capitalista del mundo a sus aspiraciones reelectorales del año que viene a cambio de profundizar el saqueo de los bienes co­munes y modificar estructuralmente las relaciones capital-trabajo volviendo a la carga con el intento de la reforma laboral.

¿Del “fuera Macri” a la paz social?

La organización de la Cumbre del G-20 implicó un triunfo del gobierno en otro sentido: pese a la masiva movilización de repudio en las calles que sostuvimos desde un arco diverso de organizaciones sociales y políticas que confluimos en el espacio “Convergencia contra el G-20 y el FMI” el gobierno garantizó, con un enorme dispo­sitivo de seguridad mediante, la realiza­ción de una Cumbre sin incidentes. Esta es la imagen que dio vuelta al mundo, y no es un dato menor, teniendo en cuenta el an­tecedente fue la Cumbre de Hamburgo de 2017 en la que los duros enfrentamientos entre la policía y los manifestantes tiñe­ron el resultado de ese encuentro.

A esta foto contribuyó el kirchnerismo que embarcado en su estrategia de “hay 2019” que, a excepción de la movilización -con escasas fuerzas- de algunos gremios como ATE Capital y CTA de los Trabajado­res prácticamente estuvo ausente de las movilizaciones de repudio a la presencia de los líderes mundiales responsables del hambre, las guerras y la miseria del pla­neta. Cumplieron así a rajatabla las órde­nes de Cristina que pidió a sus militantes que no se sumen a las protestas.

A pocos días de terminar el 2018, el gobierno despide el año capeando la peor crisis de su mandato. Gracias al salvataje de 57.100 millones de dólares del FMI y a la política recesiva y favorable a la espe­culación financiera que se garantiza desde el Banco Central, el dólar fue estabilizado, al menos momentáneamente. Ese aire le permitió sortear al gobierno el epicentro de la crisis cambiaria que hace tan solo unos meses ponía en duda la estabilidad política, al punto de que la salida anticipa­da del presidente era un escenario que no estaba alejado del humor social.

Lejos de un diciembre caliente, y a pe­sar del impacto material y concreto que tiene la crisis económica sobre del pueblo trabajador con el aumento de la pobreza, la desocupación, y la precarización del trabajo y la vida, el año termina con la paz social garantizada, en buena medida, por la bu­rocracia sindical cegetista que negoció el levantamiento del paro por una dádiva de 5.000 pesos que para nada compensa la fe­nomenal pérdida del poder adquisitivo de la clase trabajadora que promedia en un 15% este año. A la par que la burocracia sin­dical, el otro actor político que ha oficiado de sostén de Cambiemos, ha sido el PJ con su enorme contribución a la sanción de la Ley de presupuesto 2019 hecha a medida de las exigencias del FMI. En ese escenario, la estrategia de los sectores más ligados al kirchnerismo, tanto sindicales como polí­ticos, de intervenir regulando el conflicto social y priorizando una lógica más insti­tucional, termina en los hechos aportando a este estado de situación.

De cara al 2019

El año que viene estará signado por las elecciones presidenciales y los arma­dos políticos electorales. Por lo pronto, la principal fuerza de oposición patronal se encuentra atravesada por una reorgani­zación y reconfiguración, tomando vuelo la conformación de un “frente anti-Ma­cri” detrás de la candidatura de Cristina como presidenta.

La alianza entre el bloque justicialis­ta, el massismo, y el kirchnerismo en el parlamento para mantener el control del Consejo de la Magistratura; los acerca­mientos entre Pino Solanas con Rodríguez Sáa, la ampliación del Consejo Nacional del PJ y su mesa política a la participación de Solá, Moyano, Daer, Pignanelli y Yas­ky, los encuentros entre Gioja, presidente del PJ y Grabois, y entre Massa y Grabois, son sólo algunos hechos que muestran estos movimientos dentro del peronismo.

Se suma a este movimiento la “iz­quierda popular” devenida en colectora del kirchnerismo. Se configura un esce­nario de fuerte polarización para el año próximo entre el macrismo y el peronis­mo – kirchnerismo. Oliendo la posibilidad de volver a la Rosada, desde este sector se apuran a presentarse como garantes de la institucionalidad burguesa. En esa clave, deben leerse las recientes declara­ciones de Cristina en la Conferencia de Clacso llamando a la confluencia de los pañuelos verdes y celestes o consideran­do perimidas las categorías de derecha e izquierda en pos de construir un “frente social cívico patriótico” integrado por to­dos los afectados por el neoliberalismo. En el mismo sentido, las opiniones del otrora “ministro marxista” Axel Kicillof quien declaró que “El FMI no quiere ser artífice de destruir un país” o en la revista Forbes que “no somos anti-empresa”.

Termina un año donde hemos dado pelea al plan de ajuste de Cambiemos y el FMI. Las masivas luchas por el derecho al aborto y contra el recorte en educación, las resistencias de los sectores obreros en Télam, Astilleros, Siam, Canale y tan­tas otras experiencias que se desarrollan a lo largo y ancho del país, deberán ser nuestro punto de partida para el año próximo donde seguiremos en las calles acompañando cada lucha para enfrentar al macrismo, mientras construimos de la mano de Poder Popular, nuestra propia propuesta política desde los intereses de la clase trabajadora e independiente de las opciones de la burguesía

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