Se inicia la cuarta semana de NO INICIO del segundo cuatrimestre en las universidades de todo el país. Indiscutiblemente se trata de una de las más sostenidas y masivas huelgas de la docencia de nivel superior a nivel nacional, por la recomposición salarial, contra el ajuste del gobierno a las universidades que se despliega ya como una pelea contra las políticas educativas impulsadas por el macrismo en todos los niveles. Las reformas estructurales que vino a desarrollar el gobierno neoliberal tienen -como ocurriera en los 90- una pata fundamental en la educación. Precarización, privatización, flexibilización laboral, mercantilización de la educación en todos los niveles, siguiendo los lineamientos de los organismos internacionales.

Falta de presupuesto, obras frenadas, salarios congelados, recorte de programas y de becas, investigaciones suspendidas, dólar disparado. El ajuste de Cambiemos sobre la educación pública tiene su caso testigo en las universidades. En 2017, los fondos para el Desarrollo de la Educación Superior fueron $89.891 millones. En 2018, $111 mil millones, apenas un 20% más, un aumento equivalente a la inflación de los primeros siete meses del año. De ese monto, ya se recortaron más de 4000 millones de pesos. Un área clave del Ministerio de Educación, “Infraestructura y Equipamiento”, registra una profunda subejecución. Arrancó el año con una previsión de $ 9290 millones y con el correr de los meses fue reducida hasta los actuales $ 8329 millones, de los que se ejecutó apenas un 20 por ciento. Sólo a las universidades les recortaron este año $ 4000 millones en infraestructura.

El reclamo que comenzó teniendo foco en la lucha salarial docente se extendió hacia el conjunto de la comunidad universitaria y adopta un carácter nacional que es indisimulable incluso para el blindaje mediático del gobierno nacional. Ya están tomadas distintas dependencias y sedes de la Universidad Nacional de Cuyo, de La Pampa, Río Negro, San Luis, Entre Ríos, Chubut, Córdoba y Rosario, junto al consejo escolar de Mar del Plata. A estas se suma la Universidad de Quilmes, donde se ha votado hoy la toma de la universidad. En esta semana están anunciadas medidas del mismo tenor en distintas facultades de la UBA (Medicina, Filosofía y Letras y Sociales) que en la Ciudad de Buenos Aires protagonizaron la marcha de antorchas y la masiva jornada de clases públicas que el viernes ocupó durante 12 horas la Plaza de Mayo, con 120 clases y miles de docentes y estudiantes en el centro del poder político.

Los motivos docentes para no iniciar este cuatrimestre son claros: desde 2016 la caída de los ingresos llega al 18% y la actitud del gobierno al respecto es de un cinismo absoluto, con ofertas (cuando las hubo) irrisorias: la oferta insuficiente del gobierno en la paritaria fue de apenas un 15% y en cuotas, la última, en 2019. En la práctica esto significa un 10,8% de aumento para todo 2018. Ante ello, la docencia exige una recomposición salarial del 30% para todas las categorías y dedicaciones con cláusula gatillo.

Las nulas o míseras ofertas salariales se condicen con un desfinanciamiento de la educación superior en términos generales. Obviamente, esto se debe a una política que pone la educación al servicio de los grandes capitales. En un modelo extractivista y depredador, no es necesario el acceso de grandes masas populares a la educación (y menos aún a la educación superior). A esto se le suma que Cambiemoes tampoco considera necesario el desarrollo de la investigación científica. De allí los dichos del ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro y del ex Secretario de Políticas Albor Cantard, en relación a que la cantidad de docentes universitarios es excesiva.

El presupuesto : la discusión de fondo

Ahora bien, este aspecto fue el detonante, dando lugar a un debate de fondo: el presupuesto para la educación superior. En ese sentido, quienes han puesto, en primer lugar, sobre la mesa la cuestión fueron les docentes y estudiantes de las Universidades del Conurbano bonaerense. Tanto en el caso de la Universidad de Avellaneda como de la Arturo Jauretche (Florencio Varela), el desfinanciamiento llevó a las autoridades a anunciar que de continuar la situación no pueden asegurar su funcionamiento hasta fin de año. Similar es la situación de la Universidad de Quilmes, donde hace tres meses que el Estado no asigna los fondos suficientes. Incluso en otra de las casas de estudio, la UNSAM (San Martín), el gobierno -priorizando los negocios inmobiliarios por sobre el derecho a la educación- está buscando vender parte de su predio para que sea utilizado por el ferrocarril, ya que el espacio que era usado para ello en el barrio porteño de Colegiales fue vendido. A estas universidades del Conurbano asisten miles de estudiantes que son principalmente hijos e hijas de trabajadores y trabajadores  y de sectores populares, muchos muy pauperizados y que son la primera generación en acceder a la educación superior. Pero lejos de que esto constituya un logro para el gobierno, va contra las políticas de Cambiemos, como ha manifestado públicamente la gobernadora Vidal que considera excesiva la cantidad de universidades.

Claro que la cuestión presupuestaria de las universidades está estrechamente ligada al conflicto que viene teniendo lugar con el conjunto del sistema científico argentino y que revela cuál es el proyecto estratégico del gobierno: desmantelar la investigación y desarrollo técnico científico público en nuestro país. Fue también durante este mes que miles de trabajadores y trabajadoras de la ciencia se manifestaron en el Congreso contra el desguace que el gobierno viene propiciando, cuyas evidencias más claras son los descensos abruptos de ingreso a carrera de investigador/a en el CONICET, en el recorte de becas de investigación, a lo que suma también el recorte en el financiamiento de proyectos de colaboración con el exterior.

A las claras, el conjunto de estas medidas son el ABC con el que el gobierno quiere darle una imagen de buen alumno al Fondo Monetario Internacional. Es justamente el ajuste brutal acorde a lo pactado con el organismo internacional lo que se pone en juego en la cuestión presupuestaria, y por eso mismo esta lucha implica también frenar al Fondo.

El movimiento estudiantil: un actor que comienza a salir a escena

Los abrazos masivos que se llevaron a cabo tanto en Varela como en Quilmes la semana pasada, la masiva movilización con cerca de 100 mil personas en Córdoba y las múltiples tomas en distintos puntos del país, han puesto de manifiesto el creciente protagonismo que comienza a ganar el movimiento estudiantil universitario. Este proceso debe ser un punto de inflexión en la dinámica de este espacio y particularmente en el caso de las Universidades del conurbano que aún están construyendo sus propias herramientas.

Los últimos años tuvieron principalmente al movimiento de estudiantes secundarios/as como expresión más clara de lucha en defensa de la educación pública con un rol menos activo del movimiento universitario. Sin hacer un balance extenso, en buena parte esto se dio por el inmovilismo de las principales herramientas gremiales universitarias (federaciones estudiantiles regionales y la Federación Argentina) que lejos de organizar a las y los estudiantes para enfrentar el ajuste que Cambiemos viene descargando desde su asunción contra la educación pública, se sumieron en “roscas” internas que solo profundizaron las distancias con las bases.

Esto, sin embargo, no implica no defender  aquellos espacios que aún con las diferencias que podamos señalar, son conducidos por la izquierda y se ven amenazados por maniobras ilegítimas de las fuerzas patronales (Franja Morada y PJ) cómo lo atestigua el caso de la FUBA.

En ese sentido, y como también ocurrió en el 2016 con la otra gran movilización que encontró en la lucha docente el punto de despegue, lo que se destaca es la participación justamente de un sector más amplio del estudiantado que es el que empuja y masifica el reclamo. Al mismo tiempo, la extensión que comienza a tener la lucha en distintos puntos del país da cuenta del rol central que puede jugar el movimiento estudiantil para el desenlace de esta lucha, pero también a futuro.

La disputa que está comenzando se enmarca en una de más largo aliento que implica derrotar el acuerdo con el FMI. Por eso mismo es necesario sostener en todos los planos necesarios los mayores niveles de organización y movilización posibles. Es fundamental que el movimiento estudiantil sea protagonista de las contiendas que se acercan y este es el momento para lograr sentar los saldos organizativos necesarios para que esto ocurra.

Junto a esto, se impone la más amplia unidad y la coordinación con el conjunto del movimiento educativo: docentes y estudiantes de los distintos niveles, no docentes, auxiliares, así como también con el resto de les trabajadores. En el mismo sentido, los momentos de conflictividad permiten mayores posibilidades para avanzar en la conformación de espacios de base y coordinación  perdurables así como también para disputar las conducciones de las herramientas de les trabajadores y estudiantes, tan necesarias para estar en mejores condiciones para defender nuestros derechos.  En la batalla por la educación se juega una parada para el conjunto del pueblo trabajador. Contra el modelo neoliberal, contra la destrucción de la educación pública.

 ¡Este jueves 30 a las calles de todo el país en defensa de la educación pública!

¡Viva la rebelión educativa! ¡Plata para educación y no para el FMI!

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