Como las encuestas venían anunciando Andrés Manuel López Obrador (AMLO), referente del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) y candidato de la coalición Juntos Haremos Historia se impuso en las elecciones presidenciales mexicanas, poniendo fin a la alternancia de décadas entre el PRI (Partido Revolucionario Institucional) y el PAN (Partido Acción Nacional).
A diferencia del Brexit, de las elecciones presidenciales norteamericanas en las que triunfó Trump, o del plebiscito por los acuerdos de Paz en Colombia, en este caso las encuestas dieron con el resultado correcto. En unas elecciones, por distintos motivos que luego analizaremos, históricas, López Obrador, en su tercera oportunidad como candidato presidencial logró imponerse. El fraudulento sistema electoral mexicano en esta oportunidad no tuvo margen para maniobrar, en buena parte por la poca legitimidad con la que llega el actual gobierno del PRI con Peña Nieto a la cabeza, a estas elecciones. Los comicios eligieron también diputados, senadores y autoridades distritales.

Alianzas “sui generis”
Una de las primeras cuestiones que pone de manifiesto la particularidad que tuvieron estas elecciones fue la reconfiguración de las alianzas políticas. En algún punto, cada una de ellas obedeció más al pragmatismo para poder acumular el apoyo de sectores diversos de la sociedad que a un verdadero acuerdo político-programático. El ejemplo más claro lo da la coalición triunfante , “Juntos Haremos Historia”, encabezada por el partido progresista MORENA, en el que se aglutinaron distintos agrupamientos de izquierda y centro izquierda, pero que también contiene al Partido Encuentro Social (PES), evangelista y de ultra derecha. En el mismo sentido aparece la alianza, “Por México al Frente” (que obtuvo el segundo lugar) conformada por el PRD (Partido de la Revolución Democrática), quien supo ocupar años ha el lugar progresista en el mapa político, encolumnado tras la candidatura de Ricardo Anaya del derechista PAN y el Movimiento Ciudadano. Por su parte el PRI se presentó con una coalición en la que también estaban el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido Nueva Alianza (PANAL) con un candidato como Antonio Meade que desde el vamos partía con antecedentes que lo condenaban al fracaso. Como ex ministro de Hacienda tanto en gobiernos del PRI como del PAN, fue uno de los responsables del “gasolinazo” (2017) que provocó una enorme inflación y deterioro de los ingresos de la mayoría de la población.

¿Una opción para salir de la crisis?
En el periodo que va de 1982 a 2017 el crecimiento del PBI mexicano promedio fue del 2, 36% anual. Desde ese momento los gobiernos fueron alternándose entre el PRI y el PAN (PRIAN), profundizando cada vez más un modelo neoliberal y también sus rasgos más crudos y excluyentes. Estas cifras, se encuentran muy por debajo de los años dorados para la economía mexicana, conocida como el “desarrollo estabilizador” entre finales de los ´50 y de los ´70, donde la tasa de crecimiento fue cercana al 6 %. Más añoranza por esos años hay, si se toma en cuenta que durante las últimas dos presidencias (Vicente Calderón y Peña Nieto) el crecimiento del PBI volvió a caer para estar cerca del 1, 93.
La crisis del capitalismo dependiente “azteca”, como no puede ser de otra forma, recae sobre el pueblo trabajador. Los niveles de desocupación rondan el 20% de la población económicamente activa, con un 60% de ella en trabajos informales. Los salarios mexicanos se encuentran en una curva descendente desde 1976, que se ha agudizado durante la última década. La deuda externa es de las más altas del continente, llegando al 46, 8 % del PBI, lo que ha llevado a un incesante aumento de los impuestos junto a recortes en jubilaciones, educación y salud. Esa misma asfixiante situación lleva a millones de personas a migrar a los Estados Unidos, exponiéndose a las humillaciones, vejaciones y tratos inhumanos en ese trayecto. Estas múltiples formas de violencia los cuales han dado un salto más con las últimas medidas adoptadas por la administración Trump que separan a los niños/as de sus familias y la confinación en cárceles de frontera.
La crisis también aparece en el control territorial cada vez más extenso de los narcos. La “lucha contra el narcotráfico” de las últimas dos gestiones (Calderón y Peña Nieto) sólo afianzaron los vínculos entre el estado y los grandes cárteles. Sin ir más lejos, los niveles de violencia política de esta campaña no tuvieron antecedentes, siendo asesinados más de 100 candidatos de distinta jerarquía y partidos políticos desde septiembre del año pasado hasta ahora.
Teniendo en cuenta estos datos no es casual que el proyecto neodesarrollista propuesto por López Obrador haya logrado imponerse, teniendo como principal caballito de batalla la lucha contra la corrupción, aspecto indisimulable en un narcoestado como el mexicano. Evidentemente estamos hablando de un proyecto que bajo ningún punto de vista cuestiona el orden capitalista, sino que busca construir un capitalismo “en serio” a la mexicana. Desde ese lugar, las bases fundamentales están puestas en una mayor intervención del Estado congelando los precios de los combustibles, impulsando programas de ayuda económica hacia la juventud para garantizar su permanencia en el sistema educativo, pensiones y ayuda alimentaria para los jubilados e inversión en obra pública. Su programa incluso ha sido visto con buenos ojos por el mega millonario Carlos Slim, lo que pone de manifiesto las necesidades, incluso de la gran burguesía, de retomar otros andariveles para el desarrollo capitalista mexicano. Al mismo tiempo asumió el compromiso de poner en funcionamiento una Comisión por la Verdad acerca de la desaparición de los estudiantes normalistas y poner en vigencia políticas activas en defensa de los derechos humanos, siendo que en los últimos diez años las cifras de desaparecidos son cerca de 100 mil. Un verdadero terrorismo de estado bajo el mando de la democracia burguesa.
Respecto a las fuerzas populares, el EZLN sostuvo sus dudas respecto a que las élites permitieran el triunfo de AMLO, entendiendo de todas formas que este representa un proyecto a lo sumo reformista, al tiempo que criticaron la posición del electo presidente acerca de la candidatura de Marichuy Patricio, a la que definió como una jugada de las clases dirigentes para dividir el voto popular. La candidata del zapatismo y el movimiento indígena no llegó a la elección general, debido a la imposibilidad ldecumplir con los excesivos requisitos legales, y maniobras burocráticas que terminaron excluyéndola.

Repercusión continental

El triunfo de López Obrador tiene su significado a nivel continental también. México es el principal promotor del Grupo de Lima, donde confluyen los gobiernos derechistas de la región. Con este cambio de gobierno eso se verá modificado. Al mismo tiempo, junto con la elección y el proceso de movilización social que hubo con Petro en Colombia se pone de manifiesto el avance de opciones políticas progresistas, que no rompen ni se proponen hacerlo con los marcos del capitalismo, pero que sin embargo matizan la avanzada de la derecha continental. Los tiempos de crisis abren también las posibilidades de que otras opciones tengan lugar y ahí está la disputa a dar para las fuerzas políticas que tenemos como horizonte cambiar todo lo que deba ser cambiado para que deje de existir una sociedad con explotadores y explotados

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