Capitalismo argentino ¿Una vez más en la encrucijada?

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Desde el colectivo Economistas de Izquierda en colaboración con la Fundación Rosa Luxemburgo se realizó, el 21 de abril pasado, un taller para debatir sobre la avanzada derechista en la región, sus particularidades en nuestro país y las formas de hacerle frente desde el campo popular y la izquierda. La charla tuvo un nutrido panel donde participó nuestra compañera Valeria Ianni junto a Claudio Katz, Guillermo Gigliani, Jorge Marchini, José Castillo y Eduardo Lucita, Esteban Mercatante, Mariano Féliz, Federico Walberg, Francisco Cantamutto, Marisa Duarte, Adrián Piva y Agostina Costantino.

Dejamos a continuación la ponencia de Valeria Ianni:

 

Ofensiva, crisis y el desafío de construir una alternativa de las y los trabajadores

En esta ponencia planteamos tres ejes para aportar al debate propuesto. A más de dos años de su asunción consideramos que el proyecto que encarna la Alianza Cambiemos es algo mucho más profundo (y peligroso) que un “gobierno ajustador”. Éste es el primer eje que presentamos en esta ponencia. El segundo, señala la debilidad estructural del capitalismo dependiente en la etapa de mundialización neoliberal, potenciada por una política basada en el endeudamiento que pone al sector financiero como principal ganador. La corrida cambiaria (posterior a la realización del Taller)corrobora ese diagnóstico. Finalmente, avanzamos en señalar las orientaciones políticas y algunos desafíos que entendemos involucran al conjunto de organizaciones y fuerzas que nos proponemos contribuir a una alternativa anticapitalista, antiimperialista y antipatriarcal.

  1. La búsqueda del bloque de poder de imponer una transformación orgánica de la relación entre capital y trabajo

La experiencia de gobierno Cambiemos / PRO constituye una apuesta estratégica. Sin menospreciar el impacto que el deterioro acelerado de las mayorías populares provocada por los despidos, salarios a la baja, tarifazos, inflación, etc. , entendemos que no es sólo el ajuste lo que está en juego. Enfrentamos el intento de imponer una transformación orgánica de la relación entre capital y trabajo.

En este punto, para evitar malos entendidos, es necesario señalar que esta apuesta del bloque de poder se desarrolla con un alto grado de iniciativa y beligerancia no obedece a que con anterioridad (es decir, bajo los gobiernos kirchneristas) sus intereses históricos y ni siquiera inmediatos hayan sido puestos en cuestión. Creemos que como en tantos otros momentos de la historia, el kirchnerismo significó una respuesta (inteligente) a la crisis económica pero sobre todo política que se abrió en el 2001. Sobre la base de un contexto de condiciones mundiales favorables para las exportaciones, la experiencia del kirchnerismo (que se encargó en cada ocasión que tuvo de reivindicarse como una alternativa de capitalismo serio y de haber sabido  “exorcizar” el fantasma del caos del 2001) modificó tendencias económicas (baja de la desocupación, pago de la deuda, restablecimiento de la negociaciones colectivas de trabajo, planes de asistencia social, etc.), políticas e ideológicas. No había margen para que la mayoría de la población recuperara la confianza en la institucionalidad burguesa sin una redefinición de las formas de dominación. En un contexto mundial diferente, en una situación social y política distinta a la de 2001- 2003/4, un bloque de poder que no había estado al margen del kirchnerismo y que en algunos casos “se la habían llevado en pala” realiza esta apuesta de emprender una transformación estructural. Dicho esto, es claro que el tan mentado “cambio” marca un quiebre indiscutible en términos políticos generales.

Los elementos principales que nos permiten fundamentar que se está intentando una reestructuración del capitalismo en Argentina, son los siguientes:

1.1. Redefinición de la relación entre espacio nacional y mercado mundial

Todavía sin grandes éxitos, es clara la orientación de “reinsertarse en el mundo”. Esto se verifica en los acuerdos que se promueven (muchos de los cuales como el de Mercosur – UE no han prosperado a pesar de la solícita disposición de negociar al mejor estilo del tratado Roca – Runciman), en las “señales” hacia los grandes centros del poder mundial, y en las medidas bien concretas de baja de aranceles, de retenciones, de fomento y facilitación de importaciones, de eliminación del control de divisas, etc.

1.2. Redefinición de la relación con el imperialismo en general y con el imperialismo yanqui en particular

Vinculado a lo anterior, se busca retomar el rol de “alfil” de los EEUU y los grandes centros del poder. En términos de política internacional es claro el rol que Macri pretende jugar contra Venezuela y contra cualquier proyecto discordante con los intereses del imperialismo, apoyando a Temer en Brasil, justificando los bombardeos en Siria, etc.

1.3. Redefinición del peso relativo de distintos sectores del empresariado en el bloque de poder

El peso del sector financiero, de las grandes empresas de servicios, de las empresas de explotación minera y petrolera y de la agroindustria no constituye una novedad. Sin embargo, sí lo es en la medida en que este sector que tiene un asiento estable en el poder real en la Argentina, implica un claro desplazamiento relativo de otros sectores empresarios (sobre todo industriales vinculados al mercado interno) que tuvieron una mayor incidencia durante los gobiernos kirchneristas que se expresa en la orientación de la política económica. No obstante las diferencias por cuestiones como apertura, tarifas, tipo de cambio, hay puntos fuertes de unidad del conjunto de los propietarios en torno a la reducción del costo laboral y al ataque que esto trae aparejado en términos de condiciones de organización para los y las trabajadoras.

1.4. Redefinición de la relación entre mercado y estado

Hablar de redefinición no supone que necesariamente si “avanza” el mercado, el estado “retrocede”. Hay una activa política estatal para profundizar el carácter subsidiario del estado en relación a los derechos elementales de las mayorías, el sostenimiento de elevadísimas tasas de interés, la garantía de pagar las deudas, la inversión pública en grandes proyectos infraestructura vinculados a la orientación agro – minera exportadora, e incluso los avances para llegar a la privatización total o parcial del ANSES y de otras empresas u organismos públicos deben ser leídos en la clave de una fuerte acción del estado.

1.5. Redefinición en las relaciones con el conjunto de la clase trabajadora, promoviendo cambios en su composición

Dentro de un proceso general de deterioro las condiciones de trabajo y de vida de las y los trabajadores, los despidos juegan un rol disciplinador de primer orden. La expansión de la precariedad y de la tercerización laboral se acelera. Las capas más postergadas que tenían una vinculación por demás precaria con el mercado de trabajo son arrojadas a niveles de pobreza en los que la alimentación no está garantizada. Se extreman las condiciones de superexplotación de las capas más pauperizadas del proletariado. Los despidos estatales dan lugar a veces a recontrataciones en condiciones de mayor precariedad, a la vez que dan cuenta de redefinición en términos de áreas. Por ejemplo, la desestructuración de ciencia y técnica, INTI, Conicet, Sensa, Hospital Posadas por citar sólo algunos casos.

1.6. Una apuesta estratégica a una redefinición subjetiva.

La triple reforma (fiscal, previsional y laboral) en la que viene avanzando el gobierno, tiene una cuarta pata que no deberíamos desatender: la reforma educativa. La redefinición a gran escala y en profundidad del conjunto del sistema educativo planteada en el Plan Maestro, así como del sistema de ciencia y técnica, el cierre de universidades y terciarios demuestran una decisión de coartar el desarrollo del pensamiento crítico, ejerciendo un mayor control ideológico del conjunto del sistema. Con una perspectiva abiertamente tecnocrática supuestamente “apolítica” y “desideologizada”, se busca standarizar de los procesos educativos para ponerlos acordes a un perfil “flexible”, “incierto” y “sumiso” de la clase asalariada. No constituye una elaboración original, si no que muestra una vuelta más de la colonización cultural y expresa una voluntad de transformar núcleos de buen sentido que hacen parte de un sentido común extendido entre nuestro pueblo.

En este marco, se inserta la política de negacionismo en términos de derechos humanos, combinada con una reivindicación abierta y férrea del accionar de las fuerzas represivas como nunca se había visto desde 1983 a la fecha. Y no está de más señalar que ese negacionismo de las prácticas genocidas de nuestras clases dominantes no se restringe a lo ocurrido durante la última dictadura cívico – militar ni a la represión actual; sino que sigue hacia atrás reivindicando la Conquista de la Patagonia (a la que dan continuidad persiguiendo al pueblo mapuche hoy: la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado, el fusilamiento de Rafael Nahuel, la extradición de Facundo Jones Huala) , y la Conquista Española misma (“la angustia que deben haber sentido al proclamar la independencia” en el bicentenario de la Independencia).

Si tomamos una mirada más abarcadora del proceso podemos reconocer que la necesidad y la iniciativa de la gran burguesía en redefinir a favor del capital las condiciones económicas, políticas e ideológicas son más  una constante que una excepción. Desde esa óptica, el sentido de las transformaciones en curso podrían leerse como una nueva fase de un programa estratégico que consiguió una importante consolidación en 1976-83, en los noventa, y que hoy va por una nueva profundización (¿podría extenderse al 55, al 58, al 66?). Por supuesto, en cada uno de estos momentos bajo condiciones mundiales, regionales y nacionales cualitativamente distintas. Pero resulta difícil no ver el hilo conductor.

  1. La debilidad estructural y el horizonte de crisis

Los doce años de kirchnerismo no se propusieron la transformación de la matriz de especialización  agro – minero exportadora de nuestro país. Cuando buscaron avanzar sobre la apropiación de renta de las exportaciones de soja, ante la beligerancia de los propietarios agrarios (acompañada de una construcción de sentido y acumulación política que tiene mucho que ver con el ascenso de Cambiemos)  terminaron retrocediendo. La llegada al gobierno de los CEOs no hizo más que potenciar, acelerar y profundizar las debilidades del capitalismo local en un esquema harto conocido. Salida del control cambiario, unificación de los tipos de cambio, devaluación, liberación de aranceles, liberación de tarifas y precios, reducción de impuestos y retenciones a los grandes propietarios, suba de las tasas de interés por encima de la inflación, negociación  con los fondos buitres, y lanzamiento de un ciclo de endeudamiento externo que ha puesto a la Argentina al top del ránking del crecimiento de países que más deuda han tomado en el último bienio, no podía dar lugar a otra cosa que a la aceleración de la inflación, al aumento de la desocupación, subocupación y precarización laboral, en una marcada caída del salario real. La lluvia de inversiones resultó ser tan mítica como la solución inmediata y fácil de la inflación, o la cínica consigna de “pobreza cero” en boca de los representantes directos grandes empresarios, terratenientes, banqueros. El nivel de IED es bajo y lo significativo son las inversiones de cartera, léase, la bicicleta financiera.

El déficit comercial trepa a cifras récord. La reducción del déficit fiscal primario se esfuma por el peso creciente del pago por endeudamiento. La fuga de capitales alcanza niveles récord. En resumen, un modelo de país dependiente del endeudamiento externo, que profundiza su matriz extractivista y primario exportadora a pesar de una incertidumbre relevante para colocar su producción, en un contexto de mundialización de competencia intensa, muestra niveles de debilidad graves. La reciente corrida que ha sido amortiguada momentánea y frágilmente llevando la tasa de las Lebacs a la astronómica cifra del 40% es un índice palmario de los severos límites del proyecto económico de Cambiemos.

Pero supongamos por un momento que “los planetas se alinean” a favor del gobierno y que se consigue expandir las exportaciones, que el sector privado empieza a dedicar una parte de las divisas que fuga a la inversión privada hasta ahora traccionada por la inversión en obra pública (que acaba de ser recortada para hacer frente a las medidas adoptadas para frenar el alza del dólar), y que el ciclo de endeudamiento logra mantenerse. En fin, pensemos el mejor de los escenarios para el gobierno. No sería otra cosa que el éxito de un país en que para el capital sobra más de la mitad de la población (ya lo había dicho Martínez de Hoz). Basta mirar a Chile, Perú, Colombia, Centroamérica e incluso lo que está imponiendo el gobierno de Temer en Brasil para comprender cuál es el tipo de “normalidad” a la que aspira el bloque de poder.

  1. El desafío de construir una superación: vocación unitaria, perspectiva de masas y anticapitalismo terco

El principal escollo que tiene ese proyecto de los poderosos es la tradición de organización de la clase trabajadora y el pueblo es el elemento cualitativo distintivo de nuestro país en clave regional. Nos referimos a la sindicalización de trabajadores/as ocupadas pero también a los llamativos grados de organización de desocupados/as y precarizados/as. Así como un potente movimiento de mujeres y disidencias, de masas ( no de pequeño grupo) que reivindica el derecho a huelga, la solidaridad internacionalista y que convirtió el 8 de marzo en una movilización de medio millón de personas.

A eso hay que sumarle una larga historia de política de calles, de lucha de calles. Y no es casual que hayan sido las jornadas de diciembre las que abrieron un cambio en un escenario político hasta entonces ahogado por el triunfo electoral de Cambiemos. Pero hay que marcar también dentro de ese balance las enormes movilizaciones contra el 2 x 1 y por la aparición de Santiago Maldonado. La posibilidad de construir países “normales” con grados de miseria y de exclusión de derechos masivos requiere de un grado de represión muy alto. El arraigo de masas de la lucha por los derechos humanos en nuestro país contribuye a la capacidad de respuesta frente a la ofensiva neoliberal.

Pero reconocer que es la capacidad de organización y de lucha la que viene poniendo freno al despliegue de esa ofensiva estratégica que representa el gobierno off shore, no significa confundir la capacidad de resistir con la capacidad de superar. Para hacerlo hace falta discutir no sólo el ajuste, sino el tipo de país que queremos. Esa construcción programática es una vacancia que reconocemos como una gran debilidad a la hora de darle materialidad al socialismo y a una alternativa de revolucionaria. Y para nosotros/as el desafío de la construcción programática incluye el tremendo desafío de la construcción organizativa, de la fuerza capaz de poner en pie ese programa. Cómo acumular fuerza que partiendo de coordinaciones, presencia masiva en las calles, pero integrándolas en un todo mayor. Para ello, hay que redoblar la vocación unitaria, aceptando niveles de unidad que reconozcan la diversidad política, orgánica e ideológica, pero siempre dando prioridad a la lucha contra el enemigo y el interés del conjunto de la clase. Hay que potenciar, multiplicar y hacer crecer una perspectiva de masas; sin masas no hay transformación posible. Hay que aprender a ver y potenciar las distintas posibilidades que tienen las luchas para un horizonte de emancipación. Sólo la clase trabajadora puede encabezar ese camino, pero eso no significa subestimar ejes que también hacen a los intereses de nuestra clase y que exceden lo sindical. Asumir que nuestra clase contiene una historia, géneros diversos (la mayoría de las mujeres somos trabajadoras… y una parte muy importante de la clase trabajadora está conformada por mujeres y disidencias), situaciones laborales muy disímiles, tendencias políticas e ideológicas divergentes (y hasta antagónicas), es necesario para desplegar el arte de hacer una propuesta organizativa y programática para poner en pie un proyecto alternativo, anticapitalista, antiimperialista y antipatriarcal, en la Argentina actual.

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