Este sábado 19 de Mayo, en 400 ciudades de todo el mundo se desarrollará la séptima Marcha Mundial contra la empresa Monsanto siendo la segunda también contra Bayer desde su fusión. En nuestro país se realizarán convocatorias en varios puntos como Mar del Plata,Mar Azul, Bahía Blanca, Mendoza, San Luis, Tucumán, Necochea, Salta, Santa Fé y Córdoba. En la  Ciudad de Buenos Aires la cita será a partir de las 13.30 hs. en Plaza San Martín.

La convocatoria apunta no solamente a movilizarnos en contra de éstas empresas multinacionales sino también al  rechazo del modelo global extractivista y del agronegocio que, en beneficio de unos pocos,  produce el saqueo de los bienes comunes  y genera hambre, muerte y enfermedad.

 

Viejos conocidos

La estadounidense Monsanto se ha ganado un nombre entre las empresas más dañinas de la historia mundial. En su prontuario podemos mencionar su participación en la fabricación del Agente Naranja, arma química utilizada contra el pueblo de Vietnam destruyendo alrededor de 2,5 millones de hectáreas de los bosques del sur y de los campos de cultivo acabando con las cosechas. 500.000 niños y niñas vietnamitas nacieron con deformidades relacionadas a las dioxinas, sustancias presentes en el compuesto. También registra la producción de PCB sustancia tóxica utilizada como refrigerante en transformadores eléctricos cuya producción, importación y comercialización fueron prohibidos luego de confirmarse su efecto cancerígeno.

Hoy se define como una empresa de semillas, biotecnología y fitosanitarios (agrotóxicos como el famoso glifosato).

Por su parte, Bayer es la heredera de la partícipe del holocausto I.G. Farben, empresa alemana que fabricó el compuesto químico empleado por el régimen nazi para concretar el genocidio antisemita. En su historial se hallan también los intentos de censura y silenciamiento  de las graves denuncias que la responsabilizan de causar muerte y enfermedad en diversos lugares del mundo: en la India debido a las muertes producidas por ensayos clínicos en el testeo de sus productos, mientras que en Alemania en y Reino Unido se registraron casos de malformaciones a causa de pruebas hormonales.

La empresa en la actualidad además de fabricar productos farmacéuticos de venta bajo receta de oncología, hematología y oftalmología, de comercializar productos de venta sin receta en dermatología, suplementos dietéticos, analgésicos, gastrointestinales, alergias y resfriado, fabrica, además, semillas de trigo y soja y agroquímicos.

El 14 de septiembre de 2016 Bayer anunció la oferta de 62.000 millones de dólares para la compra de la  estadounidense Monsanto con el objetivo de incrementar el control del mercado mundial de las semillas, transgénicos y agrotóxicos. En la actualidad, las multinacionales  Monsanto/Bayer, Syngenta, Dupont, Dow y  Basf dominan el 63 por ciento del mercado mundial de semillas controlando el mercado de alimentos.

 

La implantación del modelo sojero  y sus consecuencias en la región

El sistema capitalista ha ido imponiendo conceptos de riqueza y de producción cada vez más desvinculados de los soportes materiales o naturales.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, la industria petroquímica impulsó la reconversión del equipamiento industrial armamentístico en desuso a la fabricación de insumos químicos y maquinaria agrícola. De este modo, a nivel mundial, los sistemas de producción agrícola fueron abandonando las prácticas tradicionales de agricultura para pasar a un nuevo modo de producción agrícola expansivo, homogeneizador y extractivo. Mediante la llamada “Revolución Verde” (RV), los países capitalistas buscaron que los paises  “en vías de desarrollo” de Asia, África y América Latina, implantaran en sus territorios su nueva “receta” tecnológica aplicada a la agricultura con eje en los cultivos de alto rendimiento como en el caso del  trigo, maíz y arroz.

Desde ese momento la tierra pasó a ser considerada como un mero factor más en el proceso de producción orientado al crecimiento de la riqueza y alcanzado mediante el incremento en los  rendimientos en las cosechas y en la cría de animales.

En esta nueva etapa se ha ido diluyendo la distinción entre banca y empresas comerciales de materias primas. Los actores financieros en el sistema alimentario global pasaron a tener un dominio cada vez mayor del mercado de alimentos provocando su manipulación especulativa en las bolsas de valor internacionales que determinan los precios de los   alimentos. Fue así como se fueron obviando cuestiones fundamentales de acceso y reparto de los recursos básicos, como la tierra y el deterioro ecológico de los agroecosistemas.

Esta fórmula se extendió  a lo largo de toda América del Sur, desde México hasta la Región Pampeana,  afectando la vida de millones de personas. El impacto negativo es aún más notable en aquellos países que desarrollaron un perfil agrícola más intensivo como es el caso de Argentina.

 

 Argentina como centro experimental de la región

En este plan regional, Argentina actuó como punta de lanza convirtiéndose en el primer país de América Latina que abrió sus fronteras a los transgénicos con la liberación de la soja RR. Mediante una fuerte presión corporativa internacional y la  casi nula participación social se generaron las condiciones para la llegada inicial de los primeros cultivos transgénicos. Fue así como un 25 de marzo de 1996, y mediante una rápida resolución interna del Secretario de Agricultura, Pesca y Alimentación de la Argentina, Felipe Solá, se aprobaba la liberación comercial de la soja RR, resistente al herbicida glifosato, bajo la segunda presidencia de Carlos Saúl Menem.

La soja transgénica ingresa al país y rápidamente logra producir un  efecto “locomotora», que reorientó el sistema de producción agropecuario del país vigente hasta el momento transformándolo en un importante productor de oleaginosas y granos. Esto conllevó a la puesta en marcha de un espiral difícil de frenar: la intensificación del uso de agroquímicos para controlar las plagas y las malezas trajo consigo el aumento de  mayores rendimientos obteniéndose una una mayor rentabilidad económica en detrimento el ambiente y la salud. Para que este paquete funcionara, se debió también aumentar la intensificación del capital.Fue necesario entonces aumentar la escala de producción y la inversión total, contar con mano de obra más calificada y maquinaria más eficiente, utilizar híbridos y variedades de alto rendimiento, aplicar mayores dosis de fertilizantes y emplear herbicidas específicos.

Esta tendencia se dio en el marco de un escenario muy condicionado por el precio de los granos que, llevó a un marcado aumento de la superficie con soja hasta alcanzar hoy las proporciones actuales.  En la actualidad  nuestro país destina más de 22 millones de hectáreas  al cultivo de soja,esto es el  60% de la tierra cultivable de todo el país. Brasil presenta un porcentaje similar en el sur mientras que en Paraguay  el 80% de sus tierras están sembradas de soja transgénica.

Son innumerables  las consecuencias provocadas por este modelo.

En Latinoamérica, la fuerte concentración hacia la soja ha producido un desplazamiento importante de otras producciones destinadas al consumo interno, erosionando la  base productiva y diversa. Tanto las economías regionales, como muchas otras producciones vieron ocupados sus espacios por el avance de la soja. Cientos de campesinos y pueblos originarios se vieron obligados a abandonar sus tierras por la expropiación propiciada por los capitalistas sojeros y el reemplazo de cultivos que empleaban a amplios sectores de la población. El daño  ecológico generado por el desmonte masivo del país, causal de inundaciones, es cada vez más preocupante y la  contaminación creciente por plaguicidas que se verifica a lo largo de los cursos de aguas superficiales y en el agua de lluvia de las zonas sojeras dan cuenta de la insustentabilidad del modelo que termina siendo sostenido a costa de la salud de la población. En nuestro país se utilizan 200 millones de litros de glifosato por año que afectan a 13.400. millones de trabajadores y trabajadoras del país. Año a Año aumentan las tasas de cáncer, malformaciones congénitas, abortos espontáneos, discapacidad mental, trastornos endócrinos e inmunitarios que padecen las poblaciones rurales expuestas a dosis crecientes de agrotóxicos en forma sistemática. Ante esta problemática se comenzaron a impulsar en las zonas más afectadas diversas formas de organización para hacerle frente a las fumigaciones. Uno de los ejemplos emblemáticos es la conformación de la Red de Pueblos Fumigados.

 

Historias de lucha

La historia de Malvinas Argentinas, Córdoba, se convirtió en una referencia mundial de la lucha contra la multinacional Monsanto a partir de que en junio de 2012 se realizaba el anuncio de la construcción de una de las plantas de acondicionamiento de semillas de maíz transgénicas más grandes del mundo. Luego de tres años de acampe y de resistir represiones finalmente en agosto del 2016 confirmaron que la corporación abandonaba la instalación de la planta coronándose el triunfo de la lucha

Otra de las experiencias de lucha a destacar es el del Grupo de Madres del Barrio Ituzaingó Anexo, en Malvinas Argentinas, Córdoba, grupo constituido íntegramente por mujeres en 2002 a partir de la inquietud de los vecinos y vecinas por las altas tasas de enfermedades en el barrio. Su trabajo permitió la sistematización de los casos de cáncer en un mapa para visibilizar su problemática y hacer oír sus reclamos al estado municipal, provincial y nacional.

Durante 2016  Monsanto fue llevado a juicio para evaluar su responsabilidad en violaciones a los derechos humanos, crímenes contra la humanidad y de figura de ecocidio, siendo declarado culpable de violar derechos en salud, ambiente y propiedad, y de entorpecer la libre investigación científica de estos temas en 2017 por el Tribunal Internacional Monsanto en La Haya conformado por profesionales del tema en materia de medicina, biología, periodismo, y activistas.

En abril de este año Gualeguaychú prohibió el uso de glifosato a raíz de la organización popular en forma de rondas y asambleas organizadas por los vecinos y vecinas a raíz de los efectos provocados por la fumigación en campos linderos a la ciudad e incluso en plazas y parques donde se ha llegado a utilizar este compuesto para eliminar malezas. Rosario, histórica capital de la soja, hizo lo mismo en diciembre.

El pueblo trabajador argentino y latinoamericano se organiza junto a los pueblos del mundo en contra del glifosato, en contra de Monsanto/Bayer y en contra del modelo extractivista que vino a desangrar nuestra tierra y a nuestros hijos e hijas. Es un movimiento que crece en todo el globo contra el agronegocio y cuya victoria se vislumbra en la destrucción de todo sistema de saqueo y explotación.

Porque luchar hoy contra Monsanto/Bayer es luchar contra el imperialismo y contra el capitalismo.

¡Fuera Monsanto y Bayer de nuestras tierras!

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