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Poco se habla sobre cómo repercue el ajuste sobre los/as jóvenes. No tenemos todos/as las mismas herramientas para enfrentarnos al mercado. Los/as jóvenes tenemos peores condiciones para salir a buscar laburo. Y quienes conseguimos, la mayoría de veces  es en empleos precarios o en negro. Mayores aún son las dificultades si queremos coordinar con el estudio, que nos coincidan los horarios y nos alcance el tiempo. Tampoco todos/as tenemos las mismas herramientas para enfrentarnos a la educación superior.

A pesar de que nos cueste verlo, los/as jóvenes tenemos una innumerable cantidad de aspectos en común. La derecha, esto, lo tiene bien en claro. Por eso, además de atacar nuestras vidas desde el trabajo, el estudio o la vivienda, hace tiempo que vienen  configurando un discurso, que tanto en las publicidades como en los mismos voceros del gobierno, tienen un direccionamiento especial hacia nosotros/as: la meritocracia. Así, ya no es un problema que no haya oferta de trabajo o que éste se ofrezca cada vez en peores condiciones, sino que quienes lo buscamos, no estamos calificados/as, o no tenemos la formación suficiente,  por eso no lo conseguimos. Es el esfuerzo, dejando de lado las condiciones materiales de las cuales partimos, lo que supuestamente nos va a llevar a alcanzarlo. De igual forma tampoco es lo defectuoso el sistema educativo que expulsa a quienes vienen de familias trabajadoras con realidades complejas, sino la falta de ambición de progreso individual de cada estudiante que no se esfuerza lo suficiente

Desde la Juventud de Venceremos, por lo tanto, somos plenamente conscientes de que el programa Progresar no resuelve (ni resolvió) ninguno de nuestros problemas fundamentales desde el mismo momento en que se generó. Sin embargo, es necesario destacar que los recientes anuncios del Presidente Macri lo convierten en una ayuda aún más precaria, además de teñirlo con la lógica meritocrática.

El plan fue creado como una beca de 600 pesos que luego aumentó a 900. Macri lo congeló por dos años, es decir que el poder adquisitivo de la beca de 900 pesos se redujo a menos de la mitad. Por eso, el aumento anunciado para el relanzamiento, que pone al piso de la beca en 1250 pesos, sigue estando por debajo de los valores reales de 2015.

El mismísimo presidente dijo en la presentación que solo la mitad de quienes inician la primaria terminan sus estudios, y apenas 1 de cada 100 de los alumnos “en las condiciones más vulnerables” puede graduarse en la universidad. Este problema tan preocupante que anuncia, sin embargo, lo lleva a la conclusión de que hay que quitar la ayuda a quienes más la necesitan y transformar el programa en una beca por mérito para los/as que logren los mejores rendimientos académicos. Según las fuentes, la reforma implicará que, para mantener la beca, habrá que aprobar entre el 50 y el 75 por ciento de las materias correspondientes al año en curso. Antes había que aprobar dos al año. Los/as jóvenes sabemos que trabajando y haciendo una carrera terciaria o universitaria, los requisitos que nos plantean es son sumamente difíciles e incluso asumen el carácter de imposibles para muchos/as jóvenes.

En datos concretos,  según un estudio realizado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) sólo este año 360 mil jóvenes dejarán de recibir la beca. Es decir que a pesar de los 10 mil millones de pesos anunciados para el aumento de la misma, el ajuste será entonces de al menos 7320 millones por los programas que se darán de baja.

Párrafo aparte debemos dedicar a las mujeres jóvenes, y trabajadoras y estudiantes. Además de conjugar el trabajo con el estudio, tenemos que agregarle las múltiples tareas que suelen tener en el hogar o en el cuidado de personas que muchas veces dificultan aún más el poder llegar a los “méritos” que el gobierno exige.

Los/as jóvenes nos vemos atravesados/as por todas estas realidades, pero debemos ser conscientes que también tenemos el potencial para cambiarla ¿Qué significa progresar para nosotros/as? ¿Acaso es el avance individual de excepciones lo que necesitamos? Debe  luchar por soluciones de fondo. El Estado debe garantizar el acceso, la permanencia y el egreso en la educación.

¡Basta de ajuste a nuestras vidas!

¡Trabajo digno que contemple el estudio!

¡Becas para todos/as los/as que las necesiten!

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